Mis vecinos construyeron una pirámide precolombina en el patio de su casa.

No digo que construyeron una pirámide a escala o que armaron un rompecabezas. Digo que construyeron una pirámide; de piedra, con treinta y tres niveles, cada uno más pequeño y fino que el anterior, hasta alcanzar una altura cercana a los cien metros, rematando con una especie de altar, similar al característico chac mool maya, pero con formas más toscas, consagrado a no sé qué tantos dioses prehispánicos, con la finalidad de realizar sacrificios ahí y, con ello, ganar su favor y tener climas más benignos.

Vivo en una región donde el calor de verano es sumamente sofocante y el frío del invierno es helado como la chingada. Por eso la idea no me parecía tan descabellada como sonaba. Para esto ─como es de todos sabido─ era menester efectuar los sacrificios en lo alto de la pirámide, ofrendar el corazón a los dioses y verter su sangre (la de los sacrificados, no la de los dioses) sobre las escalinatas de la pirámide para que el sacrificio surtiera efecto y las deidades quedaran complacidas con la ofrenda.

Pues bien: el día del sacrificio, la policía irrumpió en casa de mis vecinos, impidiendo la ceremonia y clausurando la pirámide, no por el sacrificio en sí, sino porque la obra se había llevado a cabo sin ningún permiso de construcción, contraviniendo así una serie interminable de trabas burocráticas respecto al uso del suelo. De esa manera, el sacrificio quedó sin realizarse y la pirámide cayó en desuso.

Al poco, mis vecinos abandonaron la casa y la pirámide comenzó a dar señales de un abandono de lustros, con la vegetación creciendo por entre sus cornisas, sin que hubiese nadie que la rehabilitara.

Quizá fue coincidencia o quizá no, pero yo digo que debido a esta afrenta los dioses se enojaron. Días después de la misteriosa desaparición de mis vecinos, un meteorito que se vio en casi todo el país cayó en el centro de nuestro Estado y a las dos semanas todo el mundo estaba ya enclaustrado. Además de las abejas asesinas y de los continuos terremotos, acaeció la pandemia y, con ella, la caída de las economías del mundo.

A muchos les importó este detalle y procuraron quedarse en casa, pero otros siguieron saliendo como si nada pasara. La verdad es que ni siquiera importaba ya; el meteorito ─castigo de los dioses─ acabó con todos tan súbitamente que pocos nos dimos cuenta de nuestra muerte.

Y aquí estamos, intentando sobrevivir en un mundo postapocalíptico, gracias a las trabas burocráticas del país que impidieron el sacrificio que sería benigno a los ojos de los dioses prehispánicos que, ciertamente, aún habitan por estos parajes.

 

Para Centuria Noticias: Alfonso Díaz

aldacros@gmail.com

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Nacido en la ciudad de México, Luis Alfonso Díaz de la Cruz fue adoptado por la ciudad de Aguascalientes cuando apenas contaba tres años. Desde entonces se ha dedicado a crecer y a cuestionarlo todo. Se formó como psicólogo y terapeuta bioenergético y psicocorporal y ha ejercido desde el año 2009 en consulta privada, en el sector público y como docente. Es también conferencista, ilustrador y cuentacuentos. Desde su adolescencia, a manera de pasatiempo en un principio y de manera profesional después, ha escrito cuentos cortos, teniendo en la actualidad un aproximado de 250 cuentos de su autoría. Alrededor de 10 de esos cuentos son de corte infantil. En Julio de 2018 es seleccionado ganador del 5to Premio Endira Cuento Corto, con su cuento «Resistencia», homónimo de la antología publicada en noviembre del mismo año con los 20 cuentos finalistas del concurso, presentada en la FIL de Guadalajara. Tiene, además, un par de cuentos publicados en Amazon: «Tres meses de bonanza» y «Algodón de azúcar». Fue colaborador en el año 2019 de la Antología Internacional Solidaria «El Filo de ELA» y se encuentra colaborando en otra antología de corte solidario, llamada «La Navaja del Silencio», a publicarse en 2021. Es autor del minilibro «Lobo» (Minilibros Sonora 2019) y está próximo a publicar su libro «Cuentos (no tan) comunes sobre personas comunes (Nueva Luz 2020). Habla catalán, le va al FC Barcelona y se autodenomina fanático de los tacos de suadero.

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