La semana pasada salió a la luz que el recién nombrado Subdirector de Comunicación de CONACYT, David Alexir Ledesma, dijo falsamente tener una licenciatura terminada. A los pocos días surgió un nuevo escándalo, esta vez fue Edith Arrieta Meza el centro de la atención, pues con una licenciatura en diseño de moda se desempeñaba como Subdirectora de la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad y Organismos Genéticamente Modificados (CIBIOGEM).

Al día de hoy ambos han dejado su puesto. Una de ellas cesada, a lo que Andrés Manuel dijo “esas cosas no se pueden permitir, ya no hay modistas, modistos, maquillistas, ya no hay esas exquisiteces, esos lujos, ya se terminó, esto es otro gobierno, pero que bien que todo eso esté saliendo, para que así nadie abuse y que todo participemos hasta limpiar de corrupción el gobierno y si fuese así, hasta hoy estuvo de funcionaria”. Por su parte, Ledesma renunció el 14 de febrero.

Aún con estas dos correcciones, el tema de falta de preparación sigue vigente en la Cuarta Transformación (4 T). Sin embargo, no es mi intención hacer un listado del sinnúmero de puestos ocupados por personas sin experiencia académica o profesional relevante, pues basta mencionar que, Octavio Romero Oropeza, director de Petróleos Mexicanos, es un ingeniero agrónomo sin experiencia en el sector energético. De lo que sí quiero hacer mención es de dos cosas que me llamaron la atención durante todo este proceso.

La primera es que, a ojos de funcionarios, tener una licenciatura es algo de valor, ya que de otra manera no hubieran intentado embellecer su CV con estas mentiras. Por ejemplo, el mismo director de la Secretaría de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán, dijo tener dos licenciaturas, una en economía y otra en derecho. ¿El problema? Que la de derecho no estaba terminada. Es decir, mientras David Alexir Ledesma mintió al decir que tenía su primera licenciatura, el otro mintió también al decir que había terminado la segunda. Para recalcar, le ven cierto valor a los estudios universitarios.

La segunda cosa que me llamó la atención fue la contradictoria manera en que se defendió, por parte de los adeptos a la 4 T, un claro desfase de habilidades y un encubrimiento con el uso de engaños. Es decir, mientras los servidores de la nación le veían un claro valor a los estudios, algunos argumentaban que colocar a talentos con “pedigree” no es garantía de que al país le va a ir mejor. Hablaban, por ejemplo, de Carlos Salinas de Gortari, con dos maestrías de la Universidad de Harvard, una en administración pública (1973), la otra en economía política (1976) y el doctorado en economía política y gobierno (1978).

Otros gritan discriminación, y acusan de clasistas a los críticos. De acuerdo a esta línea de pensamiento, cada puesto otorgado es un privilegio perdido, y ni modo. Por ejemplo, Sebastián Ramírez arguye que lo que se necesita es honestidad y sensibilidad social, lo demás se aprende. Estoy completamente de acuerdo con la primera parte de la tesis, para servir a la nación se necesita honestidad y sensibilidad social, pero ¿en todo México no existe alguien con sensibilidad, social, honestidad y capacidad? ¿Están los servidores para aprender mientras manejan políticas públicas que tendrán un impacto profundo y duradero en México? No, claro que no.

A todo esto, me pregunto si los defensores de lo inservible que es una licenciatura o una ingeniería acuden con médicos sin título cuando se enferman, o si van con estudiantes de primer semestre en medicina para que los atiendan cuando se sienten mal, o mejor dicho, si van con un contador público para preguntarle a qué se debe la fiebre que traen. Creo que ya sabemos la respuesta.

Para Centuria Noticias: Daniel Figueroa

d.figueroa@centuria.mx

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