Nadie de que haya conocido a Celedonio Urbina puede decir que tuviera características propias de un rey. Ni el nombre, ni el linaje, ni el lenguaje, ni mucho menos el comportamiento. Nacido quién sabe dónde, pero criado en el barrio bravo de Tepito, “el Tuercas”, como lo llamaban en las calles, se había mudado en su adolescencia a una de las colonias más pobres y conflictivas de Aguascalientes, donde, además de dedicarse al narcomenudeo, dirigía a una banda especializada en la adquisición ilegal, por supuesto, y venta de estéreos y autopartes de automóviles último modelo. Era temido por muchos en la colonia, y nadie se atrevía a llevar a cabo ningún tipo de negocio sin que él diera antes su visto bueno. La dinámica era sencilla: a menor riesgo de ser salpicado y a mayor su comisión, el visto del Tuercas pasaba de ser bueno a mucho mejor.

Extorsionador, traficante, malhablado, asesino, inculto, ignorante, y hay quien dice que hasta secuestrador, Celedonio carecía de todas las virtudes esperadas en un rey, salvo por un pequeño detalle: Celedonio Urbina era de sangre azul.

No es que descendiera de algún aristócrata perdido en el tiempo o que fuese el bastardo incómodo de algún lujurioso rey que faltara a su matrimonio. No. Decir que Celedonio Urbina era de sangre azul no obedece a ninguna alegoría poética relativa a la nobleza, sino a la más pura realidad. El Tuercas tenía en verdad la sangre de color azul. Azul como el prístino cielo de Aguascalientes si se tomaba como muestra la sangre que corría por sus arterias. Y azul como el de la bandera de Francia si la sangre corría por sus venas.

Era de sangre azul pero nadie, con excepción de Milton Fuentes, “el Meño”, amigo y la mano derecha de sus operaciones, lo sabía.

Celedonio, que siempre se mantuvo alejado de los médicos y los hospitales, jamás quiso que se revelara este secreto. Perdería el respeto de su banda y de las bandas rivales; y en esos ambientes, perder el respeto equivalía la mayoría de las veces a perder también la vida, y el Tuercas tenía en muy alta estima la suya, razón por la cual prefería mantener su particularidad en el más confidencial de los secretos.

Sin embargo, hay cosas en este mundo que están destinadas a suceder y poco o nada puede hacerse ante la fatalidad del destino y Celedonio Urbina tarde o temprano tenía que enfrentar y aceptar su destino.

Ocurrió en la madrugada del viernes pasado. Pese al gran poder que tenía, o quizás debido a éste, Celedonio Urbina fue atacado al salir del bar “La Realeza”, un bar de mala muerte ubicado al sur de la ciudad. Apenas dio un par de pasos fuera del bar cuando tres individuos, salidos de una camioneta gris, arrastraron al Tuercas a la parte trasera del bar y lo apuñalaron repetidamente, dejándolo malherido, desangrándose junto a un contenedor de basura aledaño al bar.

El Meño, que había pasado a orinar antes de salir del bar, fue el que encontró el cuerpo y, pese a las protestas del Tuercas, llamó a la ambulancia. Si bien la oscuridad había camuflado el color de la sangre ante sus atacantes, no podía ser algo que pasara inadvertido a los paramédicos que le atendieron, a los doctores que lo recibieron en el hospital, a los medios de comunicación que cubrieron la nota, ni a los millones de personas que, ante lo sensacionalista del evento, vieron la noticia frente a sus televisores.

Al hospital donde fue ingresado Celedonio acudieron presurosas celebridades de todo el mundo, resaltando sus Majestades, la Reina de Inglaterra, el Rey y la Reina de España, el Rey de Dinamarca, el Príncipe de Mónaco, el duque de Luxemburgo, el Rey de Noruega y hasta los Reyes de Bahréin y de Jordania, entre otros. Todos habían accedido de manera tácita a coronarlo Rey del Mundo.

Sin siquiera saber nada de Celedonio Urbina ni estar interesados en ello, parecía suficiente que quien fuera ungido con el índigo en las venas, entonces sería coronado rey, sin importar su origen. Todos acordaron que no había un don más sagrado que la presencia de la mítica y majestuosa sangre azul. De manera que sin dilación alguna, en una improvisada ceremonia, pero cumpliendo todos los protocolos oficiales, el sábado a mediodía el Tuercas fue oficialmente coronado como Celedonio I, Rey de Reyes, causando el júbilo de todos los habitantes del mundo, que no dejaron de celebrar la coronación en todo el orbe. God save the King! ¡Viva el Rey!

Sin embargo el gusto duró bien poco y el reinado del Tuercas no llegó ni a las veinticuatro horas. De acuerdo a los médicos que lo trataron, las heridas recibidas eran mortales y la única esperanza de supervivencia recaía en una transfusión sanguínea que, por obvias razones, era algo que se presentaba como algo imposible.

Pese a los anuncios con cuantiosas recompensas ofrecidas a lo largo y ancho de los continentes, no se pudo encontrar a nadie que tuviera compatibilidad sanguínea con Su Majestad, y Celedonio I, “el Tuercas”, falleció la madrugada del día domingo, lo que ocasionó una zozobra internacional.

Huelga decir que poco antes de morir, en uno de sus últimos momentos de consciencia, Celedonio I abdicó en favor de su único amigo, el Meño, al que consideraba y quería como a un hermano. El Meño fue coronado al momento como Milton I. Como primer mandato Real, decretó ante la muerte de su predecesor, una semana de luto internacional. La noticia y el decreto fueron recibidos con una gran mezcla de emociones por parte de sus súbditos. ¡El Rey ha muerto! ¡Viva el Rey!

 

Para Centuria Noticias: Alfonso Díaz

aldacros@gmail.com

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Nacido en la ciudad de México, Luis Alfonso Díaz de la Cruz fue adoptado por la ciudad de Aguascalientes cuando apenas contaba tres años. Desde entonces se ha dedicado a crecer y a cuestionarlo todo. Se formó como psicólogo y terapeuta bioenergético y psicocorporal y ha ejercido desde el año 2009 en consulta privada, en el sector público y como docente. Es también Médico de la Risa, conferencista, ilustrador y cuentacuentos. Desde su adolescencia, a manera de pasatiempo en un principio y de manera profesional después, ha escrito cuentos cortos, teniendo en la actualidad un aproximado de 160 cuentos de su autoría, siendo alrededor de 10 cuentos infantiles. En Julio de 2018 es seleccionado ganador del 5to Premio Endira Cuento Corto, con su cuento “Resistencia”, homónimo de la antología publicada en noviembre del mismo año con los 20 cuentos finalistas del concurso. Tiene, además, un par de cuentos publicados en Amazon: "Tres meses de bonanza", y un cuento infantil llamado “Algodón de azúcar” bajo el seudónimo de su personaje cuentacuentos: Rivelín con H. Habla catalán, le va al FC Barcelona y se autodenomina fanático de los tacos de suadero.

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