En la universidad donde trabajo hay un fantasma.

No se sabe exactamente qué edad tiene pero todos los días, sin falta, en punto de las seis de la tarde, entra al salón 104 y toma clases, como si fuera un alumno regular.

Naturalmente no lo es, ¡ni siquiera ha pagado su inscripción!, y es por ello que ─ya se lo han dicho en repetidas ocasiones─ no podrá graduarse con la generación con la que comparte clases, pero eso a él no le importa.

Es de esas personas (permítanme aquí la licencia literaria de llamarle de esa manera) que lo que disfrutan de la actividad de aprendizaje es el aprendizaje mismo.

Se llama Fabricio y es un poco tímido. Por eso muy pocas, apenas unas cuantas personas, contando estudiantes, vigilantes y maestros, lo han visto. Fabricio participa en todas las clases y realiza puntualmente todos sus trabajos y tareas, aunque casi ningún maestro se los reciba y, menos aún, se los revise.

Debido a su timidez tiende a ocultarse, pero hoy no. Hoy es dos de noviembre y no se oculta. Con motivo del Día de Muertos, que se conmemora en todo el país, los alumnos y maestros han asistido disfrazados a la universidad, dándole a Fabricio la oportunidad perfecta para convivir con sus compañeros y con toda la comunidad universitaria sin que los demás se asusten y salgan corriendo.

En el marco de las actividades del día se ha organizado una pequeña kermés, con un puesto de refrescos y hasta un registro civil. Fabricio se pasea entre los puestos y bromea, come y convive alegremente. Se siente feliz. En punto de las doce participa en el concurso de disfraces pero, para su sorpresa y decepción, queda entre los últimos lugares.

La explicación que los jueces le dan al fallo es controversial y dividida: por un lado, están los que ignoran su condición fantasmal y dicen que su disfraz raya en el “cliché” que se tiene de los fantasmas; por otro lado, están los que saben de quién se trata y aseguran que sería injusto premiarlo en el concurso de disfraces si no está portando disfraz alguno.

Puede que los segundos tengan razón, se dice a sí mismo tratando de ocultar, sin éxito, su decepción, pero no está seguro de aceptar el fallo de los primeros, ¿qué saben ellos de cómo debe de lucir un fantasma?, ¿es que acaso hay reglas que él, siendo realmente un fantasma, desconozca y esté incumpliendo? Y encima de todo se atreven a llamarle “cliché”, como si tal cosa.

Indignado, se retira a la biblioteca. En su espíritu amante del aprendizaje no puede quedarse con dudas y toma un diccionario, pues el hecho de ser un fantasma no quiere decir que lo sepa todo y busca la palabra “cliché” en ella. Después de consultarla, se propone romper con el cliché que dicen que tiene. A partir de ese momento ─se dice a sí mismo─ tiene un año para prepararse para el siguiente concurso. Fabricio se hace la promesa de obtener el primer lugar el próximo Día de Muertos.

 

Para Centuria Noticias: Alfonso Díaz

aldacros@gmail.com

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Nacido en la ciudad de México, Luis Alfonso Díaz de la Cruz fue adoptado por la ciudad de Aguascalientes cuando apenas contaba tres años. Desde entonces se ha dedicado a crecer y a cuestionarlo todo. Se formó como psicólogo y terapeuta bioenergético y psicocorporal y ha ejercido desde el año 2009 en consulta privada, en el sector público y como docente. Es también conferencista, ilustrador y cuentacuentos. Desde su adolescencia, a manera de pasatiempo en un principio y de manera profesional después, ha escrito cuentos cortos, teniendo en la actualidad un aproximado de 200 cuentos de su autoría, siendo alrededor de 10 de ellos, cuentos infantiles. En Julio de 2018 es seleccionado ganador del 5to Premio Endira Cuento Corto, con su cuento “Resistencia”, homónimo de la antología publicada en noviembre del mismo año con los 20 cuentos finalistas del concurso, presentada en la FIL de Guadalajara. Tiene, además, un par de cuentos publicados en Amazon: "Tres meses de bonanza" y “Algodón de azúcar”; este último, de corte infantil, bajo el seudónimo de su personaje cuentacuentos: Rivelín con H. Es, además, autor del mini libro “Lobo”, que contiene tres cuentos de su autoría. Habla catalán, le va al FC Barcelona y se autodenomina fanático de los tacos de suadero.

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