Ignacio Pirinol tiene un trabajo modesto, con un ingreso modesto y deudas no tan modestas.

Pareciera que vive al día, sin cuentas de ahorro y sí, en cambio, con muchos créditos abiertos aquí y allá que le impiden terminar con sus deudas no tan modestas.

En definitiva, la buena administración no es su punto fuerte.

En contraparte, sin embargo, Ignacio Pirinol cuenta con otras virtudes que ya quisieran muchos tener en estos días. Es una persona noble y empática y, no conforme con ello, es de esas raras personas que en pleno siglo XXI siguen honrando la palabra, siendo ésta motivo suficiente para que confíe en las personas con las que hace transacciones, sin necesidad de crear engorrosos contratos.

Ignacio Pirinol acude al banco a retirar su paga quincenal. Es lunes.

El día viernes, a más tardar, tiene que hacer diversos pagos de sus deudas no tan modestas: la renta de la casa, la cuota de la lavadora nueva y la del teléfono, la luz, el agua y el gas, el pago al mecánico que ha tenido el coche por dos semanas en el taller y que sólo espera el pago final para entregarlo, la tarjeta de crédito…

De todos los pagos, el más importante es el de la tarjeta de crédito. Con ella puede ir pagando las otras deudas y sobrevivir otro mes. Por tanto, ése es siempre el primer pago que realiza.

Al salir del banco, Ignacio Pirinol recibe la llamada de Lorena, una amiga de la que hace mucho tiempo no tiene noticias, por lo que se extraña al ver su nombre en la pantalla del teléfono, pero a la vez se alegra; siempre es bueno tener noticias de las viejas amistades.

Atiende la llamada. Saluda. Ella está muy avergonzada, le genera mucha vergüenza hacer lo que está por hacer pero son amigos, recuerda, y si no fuera una emergencia no se atrevería a hacerlo. Le han robado sus tarjetas, dice, y tiene que hacer unos pagos urgentes ese mismo día. Ella necesita un préstamo y tendrá el dinero para pagarle a más tardar el día miércoles, día en que el banco le repondrá las tarjetas robadas, lo promete. Le da mucha vergüenza. Pero es una emergencia y son amigos.

Promete pagarle todo…

Él, como habíamos dicho, no tiene más que un modesto ingreso, pero comprende. Ha estado en la situación de Lorena y, por lo tanto, comprende. Y no le cuesta nada prestarle dinero el día de hoy pues él tiene de plazo para hacer su pago hasta el día viernes.

Ignacio Pirinol le hace un depósito (a una cuenta de una amiga de ella) por doscientos pesos. Tampoco es gran cosa, se dice.

Ya se hablarán el día miércoles.

Ignacio Pirinol pasa el día miércoles haciendo diferentes diligencias en su hogar. A todo momento espera una llamada telefónica que no llega.

El jueves por la tarde Ignacio Pirinol le escribe a Lorena. Amablemente le saluda y le proporciona el número de cuenta al que le puede depositar lo del préstamo para poder ir al banco, retirar el dinero y realizar el día viernes su pago a la tarjeta de crédito.

Lorena fríamente le agradece por los datos, no por el préstamo, y se compromete formalmente a avisarle durante ese mismo día o a más tardar el viernes por la mañana cuando el pago esté hecho.

Ignacio Pirinol queda satisfecho. Es bueno saber que aún puede uno confiar en la palabra del otro. Sobre todo si cuando se habla de ese otro, uno se refiere a una buena y vieja amistad.

Así pues, los dos meses siguientes de aquel episodio son, finalmente, buenos para Lorena. El banco le repone las tarjetas y, de acuerdo a lo que comparte en sus redes sociales, viaja por todo el país para asistir a bodas y eventos sociales, se compra ropa nueva y cada viernes y sábado acude con sus amigos a bailar, beber y divertirse a diferentes bares de su ciudad natal. En definitiva son dos meses maravillosos que serían perfectos de no ser porque día sí y día también recibe engorrosas llamadas y mensajes de parte de Ignacio Pirinol para preguntarle si tendría la posibilidad de pagarle los doscientos pesos que le ha prestado.

O al menos eso es lo que se puede leer en los mensajes durante las primeras dos semanas. Después de ello decide borrar todo mensaje que recibe por parte de Ignacio Pirinol, pero incluso así, éstos continúan llegando.

Es por ello que Lorena, después de dos meses de intensa vida social, a mediados del mes de junio se siente completamente aliviada al caer en la cuenta de una cosa: Ignacio Pirinol ha dejado de escribirle y de buscarla definitivamente. Después de esos molestos dos meses de insistencia, ha dejado de tener noticias de Ignacio Pirinol.

Con el tiempo descubrirá, para alivio suyo, que no las volverá a tener.

Ignacio Pirinol, por su parte, al verse imposibilitado para pagar su tarjeta de crédito, no puede pagar la renta de la casa, ni la cuota de la lavadora, ni la cuenta de la luz, el gas o el agua. Para evitar ser embargado o corrido de la casa, Ignacio Pirinol opta por empeñar su automóvil y cubrir las cuotas ya mencionadas, pero le es imposible hacerlo, pues el mecánico se niega a entregarle su coche hasta que no salde su deuda.

Así pues, Ignacio Pirinol observa una tarde de junio cómo, antes de ser corrido de su casa y después de que le cortaran la luz, el agua y el servicio telefónico, le embargan los pocos muebles que tiene, incluida su lavadora nueva.

Ha intentado durante semanas contactar con Lorena pero es en vano.

Lo último que sabe de ella es que ha acudido a una boda, en calidad de dama de honor, a una ciudad turística del centro del país.

Lo último que se sabe de él, según dicen, es que, tras malvender su teléfono celular, le ha dado por deambular por el centro de esa misma ciudad, estirando su mano, pidiendo a diestra y siniestra unos pesitos, unos pocos pesitos que le sobren a los transeúntes, para pagar unas pequeñas deudas no tan modestas…

 

Para Centuria Noticias: Alfonso Díaz

aldacros@gmail.com

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Nacido en la ciudad de México, Luis Alfonso Díaz de la Cruz fue adoptado por la ciudad de Aguascalientes cuando apenas contaba tres años. Desde entonces se ha dedicado a crecer y a cuestionarlo todo. Se formó como psicólogo y terapeuta bioenergético y psicocorporal y ha ejercido desde el año 2009 en consulta privada, en el sector público y como docente. Es también conferencista, ilustrador y cuentacuentos. Desde su adolescencia, a manera de pasatiempo en un principio y de manera profesional después, ha escrito cuentos cortos, teniendo en la actualidad un aproximado de 200 cuentos de su autoría, siendo alrededor de 10 de ellos, cuentos infantiles. En Julio de 2018 es seleccionado ganador del 5to Premio Endira Cuento Corto, con su cuento “Resistencia”, homónimo de la antología publicada en noviembre del mismo año con los 20 cuentos finalistas del concurso, presentada en la FIL de Guadalajara. Tiene, además, un par de cuentos publicados en Amazon: "Tres meses de bonanza" y “Algodón de azúcar”; este último, de corte infantil, bajo el seudónimo de su personaje cuentacuentos: Rivelín con H. Es, además, autor del mini libro “Lobo”, que contiene tres cuentos de su autoría. Habla catalán, le va al FC Barcelona y se autodenomina fanático de los tacos de suadero.

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