El certamen para elegir a la Reina de la Feria ha sido criticado duramente desde diferentes perspectivas. Quizá la más interesante tenga que ver con las implicaciones éticas del mismo, con base en el siguiente cuestionamiento: ¿a partir de qué parámetros se determinará la belleza de una persona? No hay una respuesta única y, más importante aún, la respuesta depende de un sin fin de factores sociales, culturales, así como publicitarios, comerciales y mercadológicos.

El ideal de belleza –masculino y femenino– ha cambiado a lo largo de la historia: nunca ha sido –ni será– una constante . La pintura del neoclásico, por ejemplo, tenía como protagonistas a mujeres más bien robustas, muy alejadas de lo que actualmente se considera estéticamente bello, es decir, mujeres muy delgadas y más o menos altas. En otras palabras, ése era el ideal de belleza femenina en el siglo XVIII. En este sentido, lo esperable es que en algunos años el ideal que tiene vigencia hoy día se modifique hacia otras vertientes. De hecho, ya está ocurriendo: por ejemplo, los tatuajes eran elementos que caracterizaban a ciertos personajes proscritos, pero por alguna razón se han convertido en una moda que pareciera ser indispensable si se busca ser atractivo o mantenerse en el gusto de las personas. Lo cierto es que –con el paso del tiempo– esto nuevamente cambiará.

Bajo esta perspectiva, el certamen para elegir a la Reina de la Feria termina por evaluar a las mujeres como se evaluaría al mejor ganado: se debe cumplir con cierto peso y cierta estatura; en virtud de que sólo pueden participar estudiantes o personas con estudios universitarios, entonces podemos afirmar que es necesario poseer algún tipo de adiestramiento –como los mejores perros– para formar parte del concurso; sólo pueden participar mujeres jóvenes… en fin. Hay que decirlo: este certamen de belleza promueve –como el grueso de estos concursos– la cosificación de las mujeres, al conceptualizarlas como objetos cuya belleza se reduce al cumplimiento de una serie de características, ¿por qué es “más bella” una mujer que mide 1.65 cm que una de 1.50? ¿Hay diferencia alguna entre una piel morena y una piel blanca? Si es así, ¿por qué una debería ser más bella que otra?

Así pues, llama poderosamente la atención que los requisitos para participar en el certamen se reduzcan al aspecto físico y no tomen en cuenta, por el contrario, la trayectoria de las interesadas en formar parte del mismo, es decir, los organizadores del evento parecen no tener disposición alguna para contemplar las acciones que la participante en turno haya podido realizar en beneficio de Aguascalientes y sus ciudadanos.

Hay que resaltar, igualmente, que el hecho de contar con estudios profesionales no garantiza que la participante en turno haya llevado a cabo alguna acción benéfica para la ciudadanía. Existen mujeres que sin estudios profesionales han trabajado para la sociedad. Esta situación acentúa el carácter discriminatorio del certamen de belleza para elegir a la Reina de la Feria. La posesión de un título universitario o el hecho de ser estudiante tampoco garantizan que la participante sea educada; esta afirmación nos conduce a otra problemática que bien vale la pena debatir: la diferencia entre formación académica y educación, la primera se puede adquirir en primaria, secundaria, bachillerato y, claro está, en la universidad; la segunda, como se dice vulgarmente, “se mama”, esto es, se aprende y se desarrolla en casa. Existen muchos profesionales que poseen un doctorado –el que acaso sea el máximo grado académico– cuya educación deja mucho que desear y también viceversa. Si este requisito pretendía elevar la categoría del concurso ha ocurrido justamente lo contrario, pues sólo aumentó su carácter discriminatorio.

Vale la pena traer a la memoria la célebre frase de Antoine de Saint-Exupéry, autor de El Principito: “No contemplamos bien, sino con el corazón; lo esencial es invisible a los ojos.” En una época en que la equidad y el que todas las personas tengan acceso a los mismos derechos y gocen de éstos, un certamen de belleza cuyos requisitos se reducen a lo físico, a lo que sólo es accesible a los ojos termina por obstaculizar y minimizar estas luchas.

Para Centuria Noticias: Germán Gis / José Sánchez

g.gis@centuria.mx / j.sanchez@centuria.mx

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here