Nadie está exento de los incidentes con tu automóvil, siempre puede pasar que se nos ponche una llanta, nos quedemos sin batería o, en el peor de los casos, ser víctimas de un cristalazo.

Hace algunos días, junto a un buen amigo, sufrimos un contra tiempo debido a su auto: un fiel Tsuru. Todo comenzó con lo que era una salida al cine, para que en el camino de regreso me dijera que había tenido problemas con el coche: a veces hacía jaloneos al momento de acelerar. Como si fuera una broma del destino, el Tsuru comenzó a hacerlo y, justo al estar parados en un semáforo, dejó de andar, a pesar de que mi amigo prácticamente metía el pedal hasta el fondo sin avanzar.

Para colmo, este incidente nos sucedió en el cruce de primer anillo y agostaderito, muy cerca del otrora Auditorio Morelos. Como pudo, mi amigo hizo andar su fiel Tsuru, pero yo sugerí que nos fuéramos por abajo del puente, para estar en una zona más segura por si el coche se detenía. Fue la mejor decisión, pues el Tsuru no avanzó más y tuvimos que orillarnos al abrigo del puente. Así nos encontramos ahí: varados en la calle bajo la inmensidad de la noche.

En nuestra desesperación y por no saber que hacer, llamamos a mi abuelo, quien, al acudir en nuestra ayuda, realmente no nos sacó de dudas en cuanto a la falla mecánica del coche. Una cosa era cierta para mi abuelo: el problema estaba en el tanque de gasolina. Después, llegó el papá de mi amigo, pero él desafortunadamente tampoco supo qué hacer más que llamar a la grúa.

Cuando todo parecía perdido, se paró a nuestro lado una patrulla vial y de su interior el oficial nos preguntó si necesitábamos algo, nosotros ya estábamos resignados así que negamos la ayuda. No satisfecho, el oficial se bajó y comenzó a preguntarnos qué le había pasado al carro. Él coincidió en el veredicto: un problema en el tanque de gasolina.

Y así comenzó todo un diagnóstico, una serie de prueba y error por parte del oficial que se dispuso a revisar cada parte del motor a ver si encontraba algo. Prueba tras prueba, después de 40 minutos aproximadamente, nos dio la solución, prácticamente lo que hizo fue sacudir el carro con ayuda de la caja de velocidades. Y, como por arte de magia, hizo andar al Tsuru.

Fue como ver a un experto, como si él mismo hubiera inventado el modelo, se las sabía de todas. Literalmente un experto automotriz especializado en Tsurus. Ahí fue cuando supimos el nombre de este oficial: el señor Jesús Esqueda Cruz, conductor de la patrulla AG208B2.

Nosotros nos quedamos impresionados por lo que hizo, pero sobre todo por su amabilidad y la atención que nos dio. En palabras del oficial: “pecando de buena gente”, al ayudarnos sin pedir nada a cambio. Claro, debo reconocer en que nosotros insistimos en darle algo, aunque fuera para sus taquitos y el refresco, por decirlo así.

Lo que nos impresionó más, fue el hecho de que antes de él ya habían pasado alrededor de 6 patrullas que nos ignoraron por completo, a pesar de que teníamos un problema más o menos grave con el automóvil.

Así es como desde aquí, reconozco y le agradezco el trabajo y valor que tuvo el policía Jesús Esqueda Cruz, quien salvó el día con su amabilidad, espíritu de servicio y, por supuesto, conocimientos y habilidades mecánicas.

 

Para Centuria Noticias: Axel García

s.garcia@centuria.mx

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