El escritor termina su relato.

Está feliz, exultante, emocionado.

Es el mejor cuento que ha escrito hasta la fecha y muere por compartirlo al mundo. Desde su punto de vista, es el cuento perfecto.

Trata de las peripecias de un hombre verde que atraviesa los siete mares para encontrarse con su amada: una mujer de un azul profundo, como el mar.

El escritor rebosa de alegría.

Después de meses y meses de desvelo, ha culminado su obra maestra.

Es irreverente. Con un toque de ironía, de crítica social, de aventura. Con mucho de juego y humor.

Decidido a leerlo, toca la primera puerta.

Abre un hombre rojo y escucha con atención el cuento.

Al final, el hombre rojo está maravillado por la narración: le dice que el cuento es muy bueno, pero que el hecho de que el hombre sea verde es un poco agresivo, que tal vez debería de hacerlo rojo, como él.

El escritor, que es naranja, accede; a fin de cuentas, la esencia del cuento se mantiene y siendo sólo un color, no tiene problema en hacerlo.

Tras realizar la corrección, haciendo del protagonista un hombre rojo, toca la siguiente puerta.

De la casa sale una mujer amarilla. Escucha atenta el cuento y, al finalizar, le dice que es un cuento excelente, pero que sería mejor si el protagonista en lugar de ser un hombre rojo, fuese una mujer, como ella, pues de lo contrario el escritor estaría violentando fuertemente a las lectoras del cuento y, siendo éste tan bueno, no podría el escritor permitirse tal vejación.

El escritor, que no quiere ofender a nadie, pues jamás ha sido ésa su intención, convenciéndose a sí mismo de que eso no cambia para nada el desarrollo del cuento, accede. Y tras convertir al protagonista en una mujer roja, toca a la puerta siguiente.

Ahí le indican que el cuento sería insuperable si la amada de la protagonista no fuese de un azul profundo como el mar, sino como el cielo de poniente, que es más conocido.

De esa manera, de puerta en puerta, el escritor, que por lo visto poco sabe de los buenos gustos de la gente, va aprendiendo cómo escribir buenos cuentos.

Así pues, al finalizar su recorrido, logra tener en sus manos un cuento de autoría propia que versa sobre una persona arcoíris y un animal incoloro que se encuentran a medio camino de dos ciudades alejadas.

No le agrada tanto como el cuento original, pero poco importa.

Está agradecido porque ha aprendido sobre la correcta escritura de los cuentos.

Y sobre la tolerancia y el respeto que se debe de tener hacia los demás. Y hacia los escritores.

 

Para Centuria Noticias: Alfonso Díaz

aldacros@gmail.com

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Nacido en la ciudad de México, Luis Alfonso Díaz de la Cruz fue adoptado por la ciudad de Aguascalientes cuando apenas contaba tres años. Desde entonces se ha dedicado a crecer y a cuestionarlo todo. Se formó como psicólogo y terapeuta bioenergético y psicocorporal y ha ejercido desde el año 2009 en consulta privada, en el sector público y como docente. Es también Médico de la Risa, conferencista, ilustrador y cuentacuentos. Desde su adolescencia, a manera de pasatiempo en un principio y de manera profesional después, ha escrito cuentos cortos, teniendo en la actualidad un aproximado de 160 cuentos de su autoría, siendo alrededor de 10 cuentos infantiles. En Julio de 2018 es seleccionado ganador del 5to Premio Endira Cuento Corto, con su cuento “Resistencia”, homónimo de la antología publicada en noviembre del mismo año con los 20 cuentos finalistas del concurso. Tiene, además, un par de cuentos publicados en Amazon: "Tres meses de bonanza", y un cuento infantil llamado “Algodón de azúcar” bajo el seudónimo de su personaje cuentacuentos: Rivelín con H. Habla catalán, le va al FC Barcelona y se autodenomina fanático de los tacos de suadero.

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