Del otro lado del océano, bañada por el Mar Mediterráneo, se erigió una ciudad en lo que otrora fuese el mayor territorio romano de la península ibérica.

Los domingos en esta ciudad se vivían con un color muy particular, lleno de matices y de vida, especialmente en invierno. Los paseantes que se aventuran a perderse en la historia que ha quedado marcada en sus calles, se dan el lujo de degustar unas deliciosas castañas asadas mientras contemplan el paisaje de la ciudad, cuyas casonas se han procurado un techo recubierto con tejas rojas; otros paseantes degustarán el café o la cerveza en un chiringuito, junto a la Catedral; los más introspectivos quizá visiten los tesoros que resguardan los museos del lugar. Este abanico de posibilidades es apenas el entremés al placer que supone perderse en la muralla, el circo o el anfiteatro romano, para sentirse todo un Patricio o un gladiador que va camino a enfrentarse con la suerte.

En el colorido de estos días, la actividad preferida por los paseantes solitarios, en pareja o en familia consiste en recorrer la ribera del Mediterráneo desde el reloj de sol hasta la estatua de Roger de Llúria. A los pies de este honorable caudillo, domingo a domingo, un hombre, cuya edad se ha mantenido en la penumbra, se encarga de materializar la magia con apenas unas rudimentarias herramientas: una tina de agua jabonosa y un gran aro por el que cabría sin dificultad alguna un balón de baloncesto.

Este hombre, a quien llamaremos el Hacedor de Burbujas, introduce el aro en la tina, lo eleva a merced del viento intempestivo, para luego formar enormes pompas de jabón que regala a los paseantes que llegan incesantemente. Los más pequeños corren con alegría tras de las burbujas que ante ellos parecen gigantescas, hasta que revientan y entonces sí llegan la sorpresa y las risas a carcajadas. Los padres, contentos y agradecidos por ello, dejan billetes de hasta cinco euros en el sombrero del Hacedor de Burbujas, quien lo ha tendido frente a sí para tales efectos.

Aunque hay otras personas que ejercen el oficio de crear pomas de jabón a lo largo de la ribera, lo cierto es que el Hacedor de Burbujas de esta historia es completamente diferente a los demás, pues el destino final de sus creaciones también es diferente de cualquier otro espectáculo que pudiera atestiguarse en esta ciudad. Una vez que el Hacedor de Burbujas ha inflado una pompa de jabón, éstas se elevan hacia las nubes donde finalmente revientan. En este espacio es donde la magia ocurre ante la mirada atónita de quienes contemplan todo desde tierra.

Al reventar, las pompas de jabón se convierten, a veces, en hermosas mariposas tornasoles que se alejan revoloteando hasta perderse entre las nubes; en otras ocasiones, se convierten también en pequeños arcoíris o en majestuosas aves fénix jabonosas que se escapan volando en el firmamento. En fin, las pompas de jabón, según la mirada que las contemple, se convierten en sueños cumplidos, en amores posibles, en ilusiones alcanzables, en promesas que se vuelven realidad, en notas musicales que se extienden por todo el Mediterráneo, llevando los ecos de las risas de los niños que corren alegremente persiguiendo pompas de jabón por toda la ribera de aquella vieja ciudad romana.

 

 

Para Centuria Noticias: Alfonso Díaz

aldacros@gmail.com

Artículo anterior50 millones de pesos desperdiciados en ineficientes cámaras de seguridad: autoridades aceptan que tienen puntos ciegos
Artículo siguienteVacantes de empleo del miércoles 19 de junio de 2019
Nacido en la ciudad de México, Luis Alfonso Díaz de la Cruz fue adoptado por la ciudad de Aguascalientes cuando apenas contaba tres años. Desde entonces se ha dedicado a crecer y a cuestionarlo todo. Se formó como psicólogo y terapeuta bioenergético y psicocorporal y ha ejercido desde el año 2009 en consulta privada, en el sector público y como docente. Es también Médico de la Risa, conferencista, ilustrador y cuentacuentos. Desde su adolescencia, a manera de pasatiempo en un principio y de manera profesional después, ha escrito cuentos cortos, teniendo en la actualidad un aproximado de 160 cuentos de su autoría, siendo alrededor de 10 cuentos infantiles. En Julio de 2018 es seleccionado ganador del 5to Premio Endira Cuento Corto, con su cuento “Resistencia”, homónimo de la antología publicada en noviembre del mismo año con los 20 cuentos finalistas del concurso. Tiene, además, un par de cuentos publicados en Amazon: "Tres meses de bonanza", y un cuento infantil llamado “Algodón de azúcar” bajo el seudónimo de su personaje cuentacuentos: Rivelín con H. Habla catalán, le va al FC Barcelona y se autodenomina fanático de los tacos de suadero.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here