México pasó de ser un país muy corrupto, a ser todavía más corrupto en 2018. De acuerdo al Índice de Percepción de la Corrupción elaborado por Transparencia Internacional, nuestro país descendió del lugar 135 al 138. Esta deshonrosa posición deja a México muy por encima de otras potencias latinoamericanas como Brasil, lugar 105, ó Chile, lugar 27.

Cuando se habla de corrupción, de inmediato viene a la mente la imagen de un gobernante o burócrata. Comúnmente se piensa que los gobernantes son unos corruptos, que solamente saben robar, que no tienen decencia, etc. Sin embargo, algo que también muchas veces se olvida es que gran parte, si no es que la mayor parte de la corrupción, sucede con la ayuda de la industria privada.

Hagamos un poco de memoria histórica. En el año 2000, el candidato por el Partido Acción Nacional, Vicente Fox Quesada, ganó las elecciones y sacó de Los Pinos a un partido que tenía más de 70 años en el poder. Cuando tomó protesta, Vicente era un empresario en bancarrota. Hoy en día, tiene un carpeta de más de seis mil fojas de investigación abierta en la PGR por enriquecimiento ilícito, misma que se inició al poco tiempo de que Felipe Calderón tomara la presidencia. ¿Cómo se enriqueció Vicente? A través de la ayuda de la industria privada, ya sea con la creación de nuevas empresas o con la mano de otras ya bien establecidas, como lo explica Raúl Olmos en su nuevo libro ‘Fox: Negocios a la Sombra del Poder’.

En Aguascalientes, los ejemplos de empresarios “exitosos” que decidieron entrarle a la política sobran. Algunos tenían ranchos improductivos, otros tiendas de abarrotes, unos cuantos eran constructores. Hoy en día son grandes empresarios, ya sea porque lograron inyectarle suficiente capital a sus negocios para sacarlos adelante, porque lograron jugosos contratos que perduran al día de hoy, o simplemente viven como si fueran grandes empresarios cuando lo único que hicieron fue llevarse a la bolsa dinero que sobrará por muchas generaciones.

La conclusión aquí es sencilla. Cuando llega un candidato nuevo, sin experiencia en la política, pero con la cualidad de que es empresario, hay que recordar dos sencillas verdades. La primera es que para ser empresario no se necesita pasar un examen de ética. Hay empresarios de todos tamaños, colores y sabores cuando de ética estamos hablando.  La segunda es que la corrupción muchas veces se da con la ayuda de la industria privada, ya sea con la inflación de precios, con licitaciones amañadas, etcétera. No necesitan ser electos para entrarle a la corrupción, pero cuando lo han sido, muchos de ellos demuestran una gran habilidad para robar.

Para Centuria Noticias: Daniel Figueroa

d.figueroa@centuria.mx

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