Hay familias que se han dividido por pelear una herencia: hermanos, padres, hijos y esposos, han terminado con sus vínculos por lo que les pudo haber dejado un ser querido al morir y no haberlo dejado establecido legalmente en su momento.

Dicen que nada nos llevaremos al morir y es cierto, pero lo que también es cierto es que algo vamos a dejar: desde un gran patrimonio compuesto de propiedades y cuentas bancarias, hasta un reloj, un auto usado o un par de aretes. La cuestión es que si no decimos cómo, a quién y en qué términos vamos a heredar nuestros bienes, lo que dejaríamos al morir puede convertirse en grandes problemas.

Actualmente sólo uno de cada quinientos mexicanos cuenta con un testamento y el número de asuntos que llega a los juzgados cada año para determinar quién se queda con qué, ante la falta de la voluntad expresa del finado, se cuentan por miles tan solo en Aguascalientes.

Al día de hoy el poder judicial del Estado acumula 9 mil 877 juicios en trámite intestamentarios, es decir, de quienes murieron sin dejar un testamento y 2 mil 123 juicios en trámite testamentarios, esto es, de quienes sí determinaron a las personas que serían sus herederos.

El problema de la falta de cultura por el testamento en México tiene varias causas, una es no querer enfrentar que algún día llegará la inevitable muerte; otro, el egoísmo de decir “que se arreglen los que se quedan” y finalmente que el testamento es un negocio y no un derecho, entre otros más.

El trámite de testamento se hace ante un notario, esos llamados fedatarios, que ostentan la representación del Estado para un sinfín de trámites, todos muy costosos y que los convierte en una clase aparte. O dígame usted si conoce un notario pobre o, más aún, uno que no sea rico.

Los notarios en México cumplen sin duda una función fundamental, pero a un muy alto costo y existen necesidades prioritarias, como son los testamentos, que bien podrían ser gratuitos, para evitar el enorme desgaste social que representan y el costo económico para el poder judicial, que bien podría canalizar ese recurso y esfuerzos a otros asuntos de carácter familiar.

De acuerdo al Diputado local Enrique Franco, los notarios deberían realizar mucha más labor social, en virtud de que si ya se les garantizó una vida económica a través del otorgamiento de sus notarías, entonces estarían en condiciones de regresar algo de ese gran beneficio, mediante apoyos en colonias y comunidades vulnerables para acercar los servicios que para la mayoría de la población son inalcanzables.

Se supone que un testamento cuesta 3,000 pesos más IVA y, en septiembre, desde el 2002, se cobra a mitad de precio, es decir 1,500 pesos más IVA, monto que para los más de 50 millones de mexicanos que viven en la pobreza es inalcanzable, condenados a heredar problemas y no lo poco que tienen.

Ya si no se logra la gratuidad, por lo menos debería haber excepciones en el pago del testamento y más difusión al respecto, por increíble que parezca hay quienes aún creen que al morir su cónyuge o padres, los bienes le pertenecen sin necesidad de hacer trámite alguno y descubren su error hasta el momento en que pretenden enajenarlos.

El testamento debería ser un derecho y una obligación de carácter gratuito, ¿ustedes qué dicen?

Para Centuria Noticias: Alberto Romero

a.romero@centuria.mx

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