El perfil @RAEinforma, de la Real Academia de la Lengua Española, ha cobrado una popularidad especial en Twitter, especialmente por responder con sencillez y sentido del humor, cuando lo amerita, a todos los cuestionamientos que los usuarios formulan respecto de las dudas lingüísticas del día a día.

Recientemente, un usuario puso en aprietos a @RAEinforma con la siguiente reflexión: “Es posible subir para abajo? Ej: una persona del piso uno, digamos Luis, sube al piso dos, ¿podría la persona del piso tres decir que Luis subió para abajo? Pienso que subir es un movimiento y abajo es un destino.” Ante esta peculiar pregunta, @RAEinforma tuvo que reconocer: “Lo sentimos, pero su consulta queda fuera de los límites establecidos para este servicio. Esperamos serle de utilidad en otra ocasión.”

Probablemente para la mayoría de las personas la pregunta parece más una broma que una consulta seria; sin embargo, si atendemos a la estructura que suelen manifestar lingüísticamente un evento de movimiento, entonces constataremos que la duda del usuario tiene total validez.

A grandes rasgos, un evento de movimiento se compone de los siguientes elementos:

  1. Fuente u origen del movimiento.
  2. Manera del movimiento.
  3. Trayectoria.
  4. Meta o punto final del movimiento.

En español, existen verbos que sólo expresan el desplazamiento, como “ir” o “venir”; para agregar más componentes es necesario manifestarlos mediante otras partes de la oración, por ejemplo en “Juan va a la universidad”, el verbo “ir” sólo expresa el desplazamiento, mientras que la meta se expresa con la frase preposicional “a la universidad”. De igual modo, tenemos verbos como “caminar”, “correr”, “trotar” o “nadar”, que fusionan otros componentes, pues además del desplazamiento expresan la manera del movimiento. En este mismo sentido se encuentran verbos como “entrar”, “salir”, “subir” o “bajar”, que manifiestan el desplazamiento, pero también le dan un énfasis al punto de origen (“Juan salió de la casa”) o a la meta del movimiento (“Juan salió a la casa”).

Con base en estas precisiones, es posible sostener la validez de una oración como “Luis subió par abajo”, a pesar de que a simple vista tiene una anomalía semántica.

En términos de los componentes de un evento de movimiento, los adverbios “abajo” y “arriba” funcionan como metas. De hecho, la intuición del hablante es muy atinada, pues en el tweet, él habla de destinos, palabra que sin ningún problema podemos aceptar –hasta cierto punto– para el término “meta”, más utilizado en descripción gramatical.

Cuando alguien dice “Juan fue arriba”, el componente “arriba” funciona como meta del desplazamiento que expresa “ir”. Como mencioné hace un momento, hay verbos de movimiento que sólo expresan el desplazamiento, como “ir” o “venir”, mientras que otros han fusionado la meta: “salir” → afuera; “entrar” → adentro; “subir” → arriba; “bajar” → abajo, entre otros. Al respecto, pensemos en frases redundantes como “Juan bajó para abajo” o “Juan subió para arriba” que, indudablemente, cualquier persona corregiría. Ahora bien, este error es demasiado común, al grado de que incluso podemos afirmar que hasta la persona más letrada ha caído en este inocente error. A pesar de lo anterior, la prevalencia de este tipo de errores en el habla cotidiana sugiere que tal vez los hablantes, de manera interiorizada, comienzan a darle otra interpretación a estos verbos.

Una posible explicación radica en que con frecuencia conceptualizamos “subir”, “bajar”, “entrar” o “salir” como verbos de desplazamiento que no incluyen meta, es decir, poco a poco se va perdiendo la diferencia en los comportamientos sintáctico-semánticos de “subir” e “ir”. Dicho de otro modo, los hablantes emplean “subir” como si se tratara de un verbo como “ir”; en consecuencia, se ven obligados a expresar una vez más la meta, a pesar de que el verbo ya la manifiesta, de ahí que constantemente produzcan emisiones del tipo de “subir para arriba”, “bajar para abajo”, “salir para afuera”.

En Twitter, el hablante formula una reflexión que si bien es intrincada y absurda en apariencia (pues sólo es semánticamente anómala), lo cierto es que pone en evidencia lo que señalé en el párrafo anterior: conceptualiza “subir” como un verbo de movimiento que no expresa meta, justo como el mismo lo aclara: “Pienso que subir es un movimiento y abajo es un destino.”

Por otro lado, es notable que la emisión suene menos anómala si se añaden ciertas unidades que sirvan como especificadores o adversativos: “Luis subió hasta aquí abajo” o “Luis subió, pero hasta aquí abajo”. En efecto, la persona del piso tres puede decir que “Luis subió para abajo”, si Luis apenas llegó al piso dos, esto es, “No subas hasta arriba, sino un poco más abajo”.

Hay que tomar en cuenta que la posición de la RAE es más normativa que descriptiva, pues ésa es la demanda de los usuarios: desean saber qué es correcto y qué no es correcto. La mayoría de los usuarios no está tan interesado en conocer por qué las personas hablamos como hablamos. En suma, el contexto que propone el usuario de Twitter es demasiado –¿cómo decirlo?– excepcional; no obstante, el acto de habla es plausible a pesar de la anomalía semántica.

En un contexto comunicativo, “Luis subió para abajo” es factible, sobre todo porque quienes participan en el acto de hablan identificarían con facilidad la estructura del evento e igualmente entenderían a qué se refiere en específico el hablante cuando describe en esos términos el movimiento realizado por Luis. A partir de lo expuesto, entonces, podemos afirmar que una oración planteada en esos términos se encuentra en los límites de lo aceptable.

 

 

Para Centuria Noticias: Aldo García

a.garcia@centuria.mx

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