La noticia le dio la vuelta al mundo en pocos minutos ─es una de las particularidades de la era actual, en la que toda la información está al alcance de un clic─, no porque se tratase de alguien conocido, sino por lo atroz de su acto.

El hecho que causó indignación a nivel mundial se dio a conocer a las trece horas con veintinueve minutos: Jorge Lacroix, o Jordi, como gustaba que le llamaran, había terminado con la vida del último dragón del que se tuviese conocimiento, bajo el argumento de que la bestia asolaba el pueblo donde vivía, devorando a sus doncellas, a razón de una por día.

Ni tardos ni perezosos, desestimando el mencionado argumento, activistas ecologistas y ONG’s de todo el mundo repudiaron el acto y, ejerciendo presión mediática hacia el gobierno, exigieron y consiguieron que Jordi fuese puesto tras las rejas por tan reprobable y lamentable suceso.
Jorge Lacroix, de ascendencia turca, pese a su nombre, declaró que se encontraba sumamente sorprendido e indignado ante la resolución del tribunal pues estaba convencido de que había hecho lo correcto. Agregó también que, en todo caso, de haber cometido algún error, habría sido precisamente el de haber nacido en una época incorrecta; a saber, diecisiete siglos tarde.

Para Centuria Noticias: Alfonso Díaz

aldacros@gmail.com

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