¡Es una estúpida, eso es lo que es! Mi mamá dice que no debo de decir malas palabras, pero ella dice ésa y muchas más. Yo la he oído y dice muchas más que solamente “estúpida”, yo la he oído decirlas y por eso las conozco, sólo que las otras no me atrevo a decirlas, me dan miedo, porque ésas sí que son feas y no creo que nadie, ni siquiera la estúpida de Paulina merezca que la llamen así. Además, creo que a Paulina le queda perfecto ésa: estúpida, porque eso es lo que es, una estúpida.

Y la odio, la odio tanto. El Padre Luis dice que no debemos de odiar a los demás, pero no puedo evitarlo, la odio. Es una alzada y yo odio a las niñas así. Se cree mucho desde que tiene a esos estúpidos dragones y se la pasa asustando a los demás, pero estoy segura de que si no los tuviera no sería tan valiente ni se creería tanto. Y no tendría tantas amigas como presume tener, pues nada más están con ella porque le tienen miedo. Bueno, a ella no; a sus dragones. Y ella no se da cuenta y les cree todo, toooodo. Y por eso es una estúpida.

Además que de no ser por mí ni siquiera habría tenido nunca a sus dragones. Y la verdad, si yo lo hubiera sabido, ni siquiera se los habría dado. Pero no había manera de saberlo. Lo único que quería era jugarle una broma, porque me caía mal y hacerla quedar en ridículo delante de todos para que de esa manera aprendiera a no andar de chismosa con la maestra y que entendiera que nadie en el salón la quería. Fue por eso que lo hice. Me acuerdo bien que era viernes y Susana y yo nos encontramos con un nido con tres pequeños huevos en su interior, debajo del árbol del patio principal del colegio, que seguro se habían caído por el fuerte viento que por esas fechas había estado soplando por la ciudad. Los huevos habían corrido con suerte, pues estaban intactos.

Susana y yo estábamos muy enojadas con Paulina porque le había ido con el chisme a la maestra de que habíamos hecho trampa en el examen y la maestra, que le creía todo y que era tan estúpida como ella, nos castigó durante diez minutos del receso sin salir del salón. Y Paulina, la muy estúpida, viendo cómo nos regañaban y castigaban, sonreía altiva, disfrutando con nuestra desgracia. Tengo la imagen de Paulina muy clarita en mi mente, ahí sentada en su pupitre, con su estúpida sonrisa mientras abría su lonchera de Juego de Tronos y sacaba su almuerzo para salir a comer. Yes que además de chismosa estaba eso: ¡todos los días llevaba algo de Juego de Tronos y no dejaba de hablar de esa tonta serie! Que si Juego de Tronos esto, que si aquello… como si creyera que con eso nos iba a impresionar. ¡Nadie la soportaba! Y además nos habían castigado a Susana y a mí, y fue por eso que se me ocurrió que le hiciéramos una broma con los huevos que habíamos encontrado: nos acercaríamos a hablar con ella en son de paz y le diríamos que queríamos que fuéramos amigas, y como muestra de nuestra buena voluntad hacia ella le daríamos los huevos y le diríamos que eran unos huevos de dragón.

Y así lo hicimos. La alcanzamos al lado de la cancha de basquetbol y le entregamos los huevos y ella, llena de emoción, los aceptó y gritando eufórica nos abrazó a Susana y a mí sin caber en su alegría. ¡Pero es que había que ser muy estúpida como para creer que los huevos de dragón serían tan pequeños como para caber en un pequeño nido! Pero aun así lo creyó y a partir de ese momento los llevaba a todos lados y se los presumía a todos los niños de la escuela. Susana y yo nos moríamos de ganas de ver el momento en que eclosionaran y sufriera la humillación total del ridículo público cuando salieran, si es que lograban sobrevivir, los pequeños polluelos que habría dentro.

Pero no fue así. Después de tres semanas los huevos eclosionaron y de cada uno de ellos, al puro estilo de su serie favorita, salieron tres pequeños dragones, a los que bautizó con nombres sumamente extraños, supongo que sacados de la televisión, y a partir de ahí se convirtió en la reina del lugar.

De eso hace ya cuatro años, cuando estábamos en segundo de primaria. Desde entonces, no ha hecho otra cosa que poner a toda la escuela, incluso a los profesores, a sus pies. Y es que, seamos realistas, ¿qué niña de once años puede presumir que tiene tres dragones genuinos, salvo Paulina? Y es por eso que todo mundo la busca y que todas quieren ser sus amigas. Y ella les cree, la muy estúpida. Ella cree que de verdad está rodeada de amigas cuando lo cierto es que sin sus dragones no sería nada y nadie la voltearía siquiera a ver, porque sigue siendo igual o más chismosa que hace cuatro años… Sigue siendo la misma niña odiosa que conocí. Y es posible que un poco más estúpida, mírenla ahí viene rodeada de todas sus falsas amigas, y ni siquiera se da cuenta. Ya está abriendo su bocota para saludarme con su voz chillante: “¡Romina, querida!” seguro que me va a decir, seguido de alguna estupidez.

─¡Romina, querida! ¡Qué bueno que te veo, he estado buscándote todo el recreo! ¿Dónde te habías metido? ¡Quería invitarte a comer a mi casa hoy por la tarde! ¿Quieres?

─¡Claro que sí, Paulina, amiga mía! Sabes que para mí es un verdadero gusto poder ir a visitarte y platicar contigo. Sobre todo para aconsejarte para que no te creas las mentiras de todas éstas que te siguen y que falsamente se dicen tus amigas. Vente, que sin mis consejos seguro que terminarías invitando a todas a tu casa, aunque no se lo merezcan…

 

Para Centuria Noticias: Alfonso Díaz

aldacros@gmail.com

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Nacido en la ciudad de México, Luis Alfonso Díaz de la Cruz fue adoptado por la ciudad de Aguascalientes cuando apenas contaba tres años. Desde entonces se ha dedicado a crecer y a cuestionarlo todo. Se formó como psicólogo y terapeuta bioenergético y psicocorporal y ha ejercido desde el año 2009 en consulta privada, en el sector público y como docente. Es también Médico de la Risa, conferencista, ilustrador y cuentacuentos. Desde su adolescencia, a manera de pasatiempo en un principio y de manera profesional después, ha escrito cuentos cortos, teniendo en la actualidad un aproximado de 160 cuentos de su autoría, siendo alrededor de 10 cuentos infantiles. En Julio de 2018 es seleccionado ganador del 5to Premio Endira Cuento Corto, con su cuento “Resistencia”, homónimo de la antología publicada en noviembre del mismo año con los 20 cuentos finalistas del concurso. Tiene, además, un par de cuentos publicados en Amazon: "Tres meses de bonanza", y un cuento infantil llamado “Algodón de azúcar” bajo el seudónimo de su personaje cuentacuentos: Rivelín con H. Habla catalán, le va al FC Barcelona y se autodenomina fanático de los tacos de suadero.

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