Mi perro se compró una gaita porque le gustó mucho y esto es perfectamente entendible, pues los perros gustan de los objetos que suenan.

El problema en sí no es que se haya comprado una gaita. El problema es que ha decidido practicar todos los días a las ocho de la mañana, hora escocesa, es decir, a las dos de la madrugada de aquí. Y esto, obviamente, tiene molestos a todos mis vecinos, ya que no es muy cómodo despertarte con el sonido de un instrumento musical y menos si ese instrumento es una gaita que suena a las dos de la mañana. Mucho menos si esa gaita es tocada por un perro, que es principiante y que además, seamos honestos, no lo hace para nada bien.

Además de disculparme con los vecinos he intentado razonar con mi perro y explicarle por qué no debería de tener y utilizar una gaita, pero él tajantemente argumenta que la adquirió con su dinero, fruto de su trabajo y que por ello no puedo decirle qué hacer o qué no hacer con su gaita. Y tiene razón, pero sólo en cierta parte pues, aunque es suya y ensaya exclusivamente en el interior de su casa, no hay que dejar de lado la buena convivencia entre vecinos y ciertamente para los vecinos y para mí es algo sumamente molesto, no sólo por el sonido de la gaita, desafinado y a deshoras, sino porque, además, su sonido chillante despierta y lastima el oído de los demás perros del barrio, que chillan amargamente al compás del instrumento musical. A esto mi perro dice que se trata del acompañamiento solamente y que si algún perro o humano “sufre” por sus notas es porque “evidentemente” no tienen buen gusto ni oído musical.

Al principio opté por comprarme unos tapones para los oídos, pero eso no hizo que mis vecinos dejaran de quejarse; de manera que, resignado ante la testarudez de mi perro, opté por mudarme con todo y perro a una pequeña casa de campo que mis padres tenían olvidada.

Mi perro no mostró reparo alguno al mudarnos e incluso pareció no notar una diferencia entre vivir en uno u otro lugar. Rigurosamente ha seguido con sus ensayos matutinos y me gustaría decir que ha mejorado en su ejecución musical pero lo cierto es que quizás porque no deja de ser un perro tocando la gaita, no es así.

Sin embargo sigue haciendo lo que le gusta, yo puedo dormir la noche entera gracias a los tapones de oídos, y mis vecinos y sus perros han recuperado sus felices horas de sueño sin que nadie los interrumpa.

A fin de cuentas de eso se trata ser un buen vecino. Supongo.

 

Para Centuria Noticias: Alfonso Díaz

aldacros@gmail.com

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Nacido en la ciudad de México, Luis Alfonso Díaz de la Cruz fue adoptado por la ciudad de Aguascalientes cuando apenas contaba tres años. Desde entonces se ha dedicado a crecer y a cuestionarlo todo. Se formó como psicólogo y terapeuta bioenergético y psicocorporal y ha ejercido desde el año 2009 en consulta privada, en el sector público y como docente. Es también Médico de la Risa, conferencista, ilustrador y cuentacuentos. Desde su adolescencia, a manera de pasatiempo en un principio y de manera profesional después, ha escrito cuentos cortos, teniendo en la actualidad un aproximado de 160 cuentos de su autoría, siendo alrededor de 10 cuentos infantiles. En Julio de 2018 es seleccionado ganador del 5to Premio Endira Cuento Corto, con su cuento “Resistencia”, homónimo de la antología publicada en noviembre del mismo año con los 20 cuentos finalistas del concurso. Tiene, además, un par de cuentos publicados en Amazon: "Tres meses de bonanza", y un cuento infantil llamado “Algodón de azúcar” bajo el seudónimo de su personaje cuentacuentos: Rivelín con H. Habla catalán, le va al FC Barcelona y se autodenomina fanático de los tacos de suadero.

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