Durante la tarde del 4 de junio de 1984 cayó sobre la ciudad una de las peores granizadas de las que jamás se haya tenido registro. Duró poco ─apenas unos veinte minutos, a lo sumo─, pero los daños ocasionados fueron catastróficos y muchas personas vieron afectados sus patrimonios e, incluso, su integridad física. El caso de Giovanna, en el Instituto Comunitario, fue uno de esos acontecimientos que terminó por quedar grabado en la memoria de quienes viven en la ciudad.

Aquel día, Giovanna vestía un largo y elegante vestido de verano, que se ceñía a sus caderas y que tenía una sugestiva abertura que dejaba lucir su pierna izquierda, desde el torneado muslo hasta su pie, que descansaba sobre una linda y delicada sandalia. Además, la parte superior permitía que sus hombros asomaran con singular coquetería. Minutos antes de que la intempestiva granizada comenzara, Giovanna platicaba con Joaquín, un profesor del Instituto, y Arcelia, compañera de carrera. El granizo llegó de mano de la lluvia, luego de las primeras aguas, sobrevinieron los enormes e irregulares bloques de hielo que azotaron la ciudad. No está de más decirlo: algunos de ellos eran tan grandes como una pelota de pingpong.

Estudiantes, profesores y administrativos comenzaron a correr hacia el edificio principal, buscando guarecerse de la lluvia, al tiempo que luchaban contra el suelo en extremo resbaladizo y el granizo que de un momento a otro comenzó a arremeter cada paso que los acercaba a techo seguro. Fue cuando ocurrió todo: a unos pocos metros de llegar al edificio, Giovanna cayó inconsciente, luego de ser golpeada por un trozo de hielo que se incrustó de manera violenta en su cabeza. Este golpe fulminante habría de apagar su vida para siempre.

Es por eso, dicen, que en la explanada del Instituto Comunitario, en la zona en donde murió Giovanna, a poca distancia de la puerta principal, se yergue, altiva y desafiante, una escultura de tamaño natural, rodeada de una fuente, que representa a una muchacha que camina con porte y elegancia hacia la puerta. La escultura, que desde cualquier ángulo refleja un hiperrealismo sin igual, tiene un pequeño detalle que sólo es visible desde la parte superior: justo en la parte posterior del cráneo de la muchacha, se ve una forma irregular, que asemeja al bloque de hielo que se incrustó en Giovanna hace más de treinta años.

Sin embargo, hay una versión de la historia poco conocida que acompaña a la escultura del Instituto Comunitario. A manera de leyenda hay quien asegura que “La chica que camina”, como se titula la obra, en realidad no se trata del resultado del trabajo dedicado de un escultor prodigio, sino que se trata nada más y nada menos que de la verdadera Giovanna en persona que, tras recibir el impacto del granizo, como si de un hechizo mágico se tratara, sufrió un proceso de petrificación instantáneo que le permitió mantenerse erguida en el sitio del impacto y que ahí permanece, impertérrita, contemplando el paso de las personas y de las estaciones, hasta que alguien se atreva a retirar el hielo que la convirtió en piedra.

Los que saben de la leyenda no se atreven a hacerlo. Temen que al retirar el bloque de hielo, la herida de Giovanna se manifieste y, entonces sí, muera desangrada en el lugar por el que solía caminar con parsimonia y elegancia durante sus años de estudio.

 

Para Centuria Noticias: Alfonso Díaz

aldacros@gmail.com

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Nacido en la ciudad de México, Luis Alfonso Díaz de la Cruz fue adoptado por la ciudad de Aguascalientes cuando apenas contaba tres años. Desde entonces se ha dedicado a crecer y a cuestionarlo todo. Se formó como psicólogo y terapeuta bioenergético y psicocorporal y ha ejercido desde el año 2009 en consulta privada, en el sector público y como docente. Es también Médico de la Risa, conferencista, ilustrador y cuentacuentos. Desde su adolescencia, a manera de pasatiempo en un principio y de manera profesional después, ha escrito cuentos cortos, teniendo en la actualidad un aproximado de 160 cuentos de su autoría, siendo alrededor de 10 cuentos infantiles. En Julio de 2018 es seleccionado ganador del 5to Premio Endira Cuento Corto, con su cuento “Resistencia”, homónimo de la antología publicada en noviembre del mismo año con los 20 cuentos finalistas del concurso. Tiene, además, un par de cuentos publicados en Amazon: "Tres meses de bonanza", y un cuento infantil llamado “Algodón de azúcar” bajo el seudónimo de su personaje cuentacuentos: Rivelín con H. Habla catalán, le va al FC Barcelona y se autodenomina fanático de los tacos de suadero.

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