Mi amigo Arnaldo se ha vuelto famoso, al menos eso es lo que mucha gente, conocida y desconocida, ha estado diciéndole durante las últimas semanas y él, poco a poco, se lo ha ido creyendo hasta asumirlo casi por completo.

─Al principio no me lo creía ─me dice ─, pero uno debe de afrontar la realidad y no minimizarla con falsas y fútiles modestias.

─¿Y cuál es la realidad? ─le pregunto siguiendo su juego y dándole la oportunidad de que se pavonee desde su inflado ego.

─Que soy famoso, ¡que soy un escritor famoso! ─afirma con un gesto de suficiencia.

Y yo lo dejo estar, pues lleva razón. No solo es bueno en su escritura, sino que en los últimos meses se ha convertido en un ícono de la ciudad en el ámbito literario. Según Arnaldo, él mismo es a la ciudad lo que García Márquez a Colombia, Vargas Llosa al Perú o Saramago a Portugal. En lo particular a mí me suena muy inexacta y desproporcionada su comparación, pero entiendo la analogía; entiendo también que se encuentra en el medio de una transición importante. Por eso callo y no lo contradigo. Está contento por su recién adquirida y descubierta fama. Eso lo hace escribir más.

Y yo en verdad me siento contento por él. Y también un poquito por mí. A fin de cuentas no muchas personas pueden presumir el hecho de ser amigos de algún escritor y mucho menos de un escritor famoso. Yo sí: yo soy amigo de Arnaldo, el escritor famoso de mi ciudad; el mismo que primero pasó de negar y rechazar los halagos, para después aceptarlos junto con los regalos y privilegios que la fama supone.

En poco tiempo, Arnaldo pasó de la vergüenza inicial de ser reconocido, a la satisfacción del reconocimiento que emana de la pluma. Ahora disfruta de espacios exclusivos en elegantes establecimientos; entradas gratis a encuentros deportivos, conciertos y bares, además de exhibiciones artísticas y eventos gubernamentales. Todo ello fue parte de los cambios que trajo su nuevo “staus quo” y, ciertamente, aunque jamás se olvidó de sus amigos y sus orígenes ─esto hay que reconocerlo ─, no tardó mucho en acostumbrarse a esta nueva vida y aprender a desenvolverse en ella como pez en el agua. La fama y los beneficios que le acarreó la pluma terminaron por volverse parte de su vida. Su foto se mostraba en todos lados y su nombre era por todos conocido.

Es por ello que tardó tres horas en decidirse a llamarme desde el C4 la noche en que lo arrestaron por conducir a exceso de velocidad y negarse, en medio de insultos hacia el policía, a recibir la multa, aduciendo al hecho por el inventado de que él contaba con inmunidad absoluta ante las infracciones de tránsito, pues se trataba de Arnaldo, el escritor y orgullo de la ciudad.

Al policía, que sí lo reconoció y que tiempo más tarde afirmó haberse leído todos sus libros, poco le importó que el infractor fuese Arnaldo, pues, de acuerdo a sus palabras, “nada ni nadie se encontraba por encima de la ley”.

Creo que ese fue mi error, le expliqué a Arnaldo frente a un par de cervezas, tras acudir a los separos a pagar su multa; le debí  haber dicho que el hecho de ser famoso no lo eximía de sus obligaciones ni lo hacía menos humano que el resto de los mortales. Debí haberle dicho que la fama no lo hace menos igual.

 

Para Centuria Noticias: Alfonso Díaz

aldacros@gmail.com

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Nacido en la ciudad de México, Luis Alfonso Díaz de la Cruz fue adoptado por la ciudad de Aguascalientes cuando apenas contaba tres años. Desde entonces se ha dedicado a crecer y a cuestionarlo todo. Se formó como psicólogo y terapeuta bioenergético y psicocorporal y ha ejercido desde el año 2009 en consulta privada, en el sector público y como docente. Es también Médico de la Risa, conferencista, ilustrador y cuentacuentos. Desde su adolescencia, a manera de pasatiempo en un principio y de manera profesional después, ha escrito cuentos cortos, teniendo en la actualidad un aproximado de 160 cuentos de su autoría, siendo alrededor de 10 cuentos infantiles. En Julio de 2018 es seleccionado ganador del 5to Premio Endira Cuento Corto, con su cuento “Resistencia”, homónimo de la antología publicada en noviembre del mismo año con los 20 cuentos finalistas del concurso. Tiene, además, un par de cuentos publicados en Amazon: "Tres meses de bonanza", y un cuento infantil llamado “Algodón de azúcar” bajo el seudónimo de su personaje cuentacuentos: Rivelín con H. Habla catalán, le va al FC Barcelona y se autodenomina fanático de los tacos de suadero.

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