En Aguascalientes es preocupante el clima de inseguridad que percibe la población, sentimiento que se ha incrementado desde el 2017. Fue en este año cuando las cifras delictivas se elevaron de una manera nunca antes vista. Entre los principales delitos que han afectado a la población se encuentra el robo a casa habitación, robo de autos, robo a transeúntes y robos a negocios; sin dejar de lado que también hay secuestros, asesinatos, ajustes de cuentas… en fin, una serie de ilícitos que son imposibles de ocultar y que nos obligan a dejar a un lado el discurso de que aquí no pasa nada.

Según el resultado de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del mes de marzo de 2018 que realiza el INEGI, en la ciudad de Aguascalientes el 60% de la población de 18 años y más se siente insegura. Asimismo, el 40% tiene la percepción que la Policía Municipal es poco efectiva y el 15% la considera nada efectiva; en cuanto a la Policía Estatal se refiere, 30% la considera poco efectiva y el 06% nada efectiva.

Es imperante atacar las causas de fondo de esta problemática, y la mejor política social para hacerlo es una buena política económica. En la actualidad, la cantidad de personas sin trabajo es preocupante. Aguascalientes tiene una tasa de desempleo de 3.7% para el 1er trimestre de 2018, dato por arriba de la media nacional (3.2%) y mayor también a la cifra del mismo mes del año anterior. Asimismo, la política salarial es por demás fallida. Los sueldos son cada vez más raquíticos y pierden a diario su poder de compra, sin recuperarlo debido a que no presentan incrementos por encima de la inflación. Esta situación repercute en la economía familiar, deteriorando el nivel de vida y empujando a que trabajen más miembros de la familia, muchos de ellos de manera informal, y provocando que los jóvenes dejen la escuela por falta de dinero.

Describo lo anterior porque un porcentaje alto de la delincuencia tiene su origen en problemas socioeconómicos, como la pobreza, que a su vez trae hambre, enfermedades, desintegración familiar y conductas como el alcoholismo y la drogadicción. Si no se tiene un trabajo, se opta muchas veces por la delincuencia para sobrevivir.

Para salir de este atolladero se tienen que crear las condiciones necesarias para que la economía crezca y se generen empleos dignos y bien pagados. Es imperativo que los tres niveles de gobierno trabajen de la mano para que esto sea posible. Que quede claro, quien piense que se puede combatir la delincuencia, o cualquier conducta antisocial, utilizando solamente la fuerza y endureciendo las penas corporales, está en un error. No se puede combatir al fuego con fuego; la violencia con más violencia. Se tiene que atacar el problema de raíz, y es la pobreza lacerante, la que debe de preocuparnos, de dolernos y a la que hay que combatir. Se tiene que redistribuir la riqueza, ¿cómo es posible que una entidad que ha tenido un crecimiento por encima de la media nacional no se comporte de manera similar cuando se habla de salarios?

Antes de terminar, es importante decir que se han abandonado a las colonias populares, sobre todo del oriente de la ciudad. Los gobiernos priistas y panistas han creído que con darles despensas y dádivas para mantenerlos cautivos como clientela electoral es suficiente, sin pensar que las familias necesitan empleos dignos y bien pagados, con prestaciones y seguridad social. Necesitamos recuperar el tiempo perdido si es que queremos dejar de experimentar las consecuencias de inseguridad y violencia generadas por la pobreza y la falta de oportunidades.

Para Centuria Noticias: Jenny Parra

jennifer.kristel.parra@gmail.com

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