Hasta hace unos días, y durante varios años, mis vecinos de a lado (un matrimonio joven y sumamente atento) habían tenido en su casa una hermosa cochera sin rampa, puesto que no tenían coche.

El viernes pasado compraron un pequeño coche blanco, de segunda mano, y menester fue para ellos construir la carente rampa, de manera que pudieran meter el auto en cuestión sin dificultad alguna a su cochera y de esa manera protegerlo de los curiosos dueños de lo ajeno o de los balonazos perdidos que tanto abundan en mi colonia.

La construcción de la rampa llevó, para mi gusto, demasiado tiempo. Desde el viernes y hasta el lunes pasado, trabajando de sol a sol (pero en horario nocturno), un albañil de confianza para mis vecinos estuvo moviendo y removiendo grava, arena y cemento, con la finalidad de construir la mentada rampa que permitiera a mis vecinos cumplir con el cometido.

Lo extraño fue que desde el viernes de la semana pasada mi vecino, siempre jovial y atento de lo que acontecía en la calle, no ha salido para nada de su casa y desde el lunes, cuando el auto entró en la cochera, este no ha salido de ahí y ni siquiera lo han encendido ni una sola vez.

Naturalmente esto causó la intriga de doña Amalia, mujer altamente suspicaz ante cualquier cambio de rutina en la cuadra y, ni tarda ni perezosa, llamó al novecientos once para denunciar la desaparición del vecino e inculpar a la vecina (esposa del vecino) de no sé qué delito mortuorio.

Tras las pesquisas iniciales, la policía (altamente influenciada por doña Amalia) concluyó que el vecino, que en efecto se encuentra desaparecido, habría muerto por la mano homicida de su esposa y, en complicidad con el albañil de confianza, había sido enterrado bajo la rampa de la hermosa cochera, explicando así el por qué se habían demorado tanto en construirla.

Ante este hecho sin precedentes, en menos de 24 horas se dio la orden de búsqueda del cuerpo del cadáver (ellos estaban seguros de que mi vecino había muerto y de que había sido asesinado) bajo la nueva rampa. De nada sirvieron las protestas y declaraciones de mi vecina que juraba y perjuraba que su esposo había salido de viaje y que no había manera de contactarle.

Tras pasar varias horas destruyendo lo construido y removiendo hasta el último ápice de la colada y del trabajo fresco, los policías concluyeron, para decepción suya, que allí no había, ni había habido nunca, cadáver alguno y se marcharon extendiendo unas fútiles disculpas a mi vecina que se quedó con la entrada de su cochera, ahora sin rampa, hecha un desastre, pero con una sutil y extraña sonrisa en sus labios. Supongo que porque con eso resultaba inocente de los cargos que se le imputaban.

¿Encontrar el cadáver de su esposo bajo la rampa recién puesta? ¡Un absurdo total! ¡Si yo clarito vi cuando mi vecina lo enterró en su traspatio!

 

Para Centuria Noticias: Alfonso Díaz

aldacros@gmail.com

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Nacido en la ciudad de México, Luis Alfonso Díaz de la Cruz fue adoptado por la ciudad de Aguascalientes cuando apenas contaba tres años. Desde entonces se ha dedicado a crecer y a cuestionarlo todo. Se formó como psicólogo y terapeuta bioenergético y psicocorporal y ha ejercido desde el año 2009 en consulta privada, en el sector público y como docente. Es también conferencista, ilustrador y cuentacuentos. Desde su adolescencia, a manera de pasatiempo en un principio y de manera profesional después, ha escrito cuentos cortos, teniendo en la actualidad un aproximado de 250 cuentos de su autoría. Alrededor de 10 de esos cuentos son de corte infantil. En Julio de 2018 es seleccionado ganador del 5to Premio Endira Cuento Corto, con su cuento «Resistencia», homónimo de la antología publicada en noviembre del mismo año con los 20 cuentos finalistas del concurso, presentada en la FIL de Guadalajara. Tiene, además, un par de cuentos publicados en Amazon: «Tres meses de bonanza» y «Algodón de azúcar». Fue colaborador en el año 2019 de la Antología Internacional Solidaria «El Filo de ELA» y se encuentra colaborando en otra antología de corte solidario, llamada «La Navaja del Silencio», a publicarse en 2021. Es autor del minilibro «Lobo» (Minilibros Sonora 2019) y está próximo a publicar su libro «Cuentos (no tan) comunes sobre personas comunes (Nueva Luz 2020). Habla catalán, le va al FC Barcelona y se autodenomina fanático de los tacos de suadero.

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