De acuerdo con estimaciones de CitiBanamex publicadas en el periódico El Financiero –por increíble que pueda parecer–, durante 2016 Aguascalientes fue el Estado que registró el crecimiento más alto de la zona del Bajío y el segundo con más dinamismo económico del país, seguido de Querétaro.

Con un Producto Interno Bruto (PIB) de 6.8%, prácticamente el doble del registrado a nivel nacional, la economía del Estado depende principalmente del sector manufacturero y, específicamente, del automotriz (34%). Asimismo, recibe el 1.6% de la Inversión Extranjera Directa en territorio nacional (no es casual ver cada vez más anuncios en japonés en las calles), y tiene una tasa de desocupación de tan solo el 3.4%.

Cualquiera que mirara estos datos duros podría pensar que las cosas van bien en el Estado, y ciertamente, algo hay de ello; sin embargo, también existen otras cifras que preocupan. La inflación (7%) ha llegado a estar por arriba de la media nacional (6%), el 44% de la Población Económicamente Activa (PEA) se encuentra en una situación de informalidad (no paga impuestos), el 49% no tiene acceso a los servicios básicos de salud, la mitad de la población (50%) se siente insegura con respecto a los índices de criminalidad y, para cerrar con broche de oro, el 35% de la población se encuentra en condiciones de pobreza.

Entonces, podría aplicar el viejo adagio de que se puede ver el vaso medio lleno o medio vacío, según con el cristal que se mire. Pero, ¿por qué hablar de todas estas cifras justo ahora? Porque apenas hace unos días el Secretario de Hacienda y Crédito Público (SHCP), José Antonio Meade Kuribreña, entregó al Congreso de la Nación el Paquete Económico 2018, donde se indica la asignación del presupuesto federal correspondiente a Aguascalientes y los demás estados.

Sabemos que el dinero nunca alcanza, y ese mismo argumento se repite no sólo entre la población sino entre los gobernadores. No obstante, expertos del Colegio de Economistas de Aguascalientes aseguran que no es un tema de si el presupuesto asignado a Aguascalientes alcanza o no, pues lo consideran suficiente, sino –ojo aquí– lo verdaderamente relevante es en qué se lo gasta el gobierno estatal y municipal.

El próximo año es año electoral y la historia nos ha mostrado que es el momento en el que los gobiernos gastan más en infraestructura para poder dejar su nombre enmarcado en algo. Aguascalientes no será la excepción a este fenómeno, por lo que más que nunca tendremos que estar vigilantes de que esas obras públicas se cumplan de acuerdo a las normas y realmente se concluyan y entren en funcionamiento. Ahora que se abrirá la llave del gasto, presionemos más que nunca al gobierno local y estatal, exigiéndoles cuentas y denunciando cualquier irregularidad o desvío de recursos. La labor es titánica, pero alguien tiene que hacerla. Debemos convertirnos en el “Big Brother” de los políticos en curso, antes de que se vayan con las manos llenas.

Para Centuria Noticias: Charo Ucha / Germán Gis

c.ucha@centuria.mx / g.gis@centuria.mx

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