Ningún niño debería de vivir el acoso escolar, ni como receptor de éste, ni como ejecutor

El autor

 

La verdad es que Lalo siempre fue molestado por todos nosotros.

Toda vez que recuerdo mis años de escuela primaria, invariablemente viene a mi mente la imagen de Lalo, aquel peculiar niño que, por alguna u otra razón, siempre terminaba metido en algún problema; aunque ocasionalmente también se le podía ver inmiscuido en algún evento agradable. Yo tuve un par de peleas con él, ambas de un solo golpe. En la primera lo hice llorar con un directo al estómago, y en la segunda él hizo lo propio con un derechazo en la mejilla.

En el fondo, en el fondo no creo que fuera mala persona y ocasionalmente se ofrecía solícito a ayudar a quien tuviera algún percance, pero eso no alcanzábamos a verlo. Nos burlábamos; éramos muy duros con él y, aunque no me atrevería a culpar o siquiera a responsabilizarnos por lo sucedido ─sin que esto se tome como justificación, los niños no siempre son conscientes del daño que sus burlas o rechazo pueden ejercer en los demás ─, sigo creyendo que nosotros, sus compañeros, tuvimos mucho que ver en los eventos de aquel día. Quizás ni siquiera fuimos la causa, pero muy probablemente fuimos la gota que derramó el vaso. ¡A saber qué situaciones venía cargando desde casa…!

En repetidas ocasiones lo habíamos visto salir de sus casillas, levantando mesabancos ─de ésos de madera sólida, con cajón incluido para los libros ─ y amagando con arrojarlos hacia los compañeros, maestros o cualquiera que se le pusiese enfrente. Aunque nos reíamos de él, la verdad es que nos daba miedo, y quizás por ello es por lo que reaccionábamos desde la risa, desde la burla, por no saber lidiar con sus desplantes, con aquello que no veíamos en ningún otro lado…

Varias veces, incluso, amenazó con arrojarse desde el primer piso que, aunque no sea una altura del todo mortal, para un pequeño niño de tercero o cuarto de primaria, un piso era algo que sobrepasaba los límites del peligro aceptable para cualquier empresa. Varias veces amenazó con hacerlo, repito, y nunca lo había intentado; es por ello por lo que, como Pedro en «Pedro y el Lobo», al final terminamos por no creerle. No era mala persona, insisto, y eventualmente nos acostumbramos ─aunque el miedo nunca desapareció del todo ─a sus constantes desplantes. Por ello no fue poca nuestra sorpresa cuando, aquella calurosa mañana de abril, sin dar tiempo que nadie intentara detenerlo, traspasó el barandal de protección de aquella primera planta y, gritando con todo el odio que puede tener un niño de 9 años ─si es que puede albergar esa desagradable emoción ─, se impulsó hacia el patio que descansaba ahí debajo.

La sorpresa fue incluso mayor cuando nadie lo vio caer; como si de un ángel o de un superhéroe se tratase, ante la mirada atónita de todos y acallando los gritos de quienes fuimos testigos de su salto, Lalo se alejó volando de aquella escuela y de aquellos niños que tanto daño le causamos durante tantos años.

De eso hace ya poco más de 25 años. Espero que le haya ido bien a donde quiera que se haya marchado. En repetidas ocasiones también mencionó que soñaba con poder volar; ojalá nunca haya perdido su capacidad de hacerlo…

 

Para Centuria Noticias: Alfonso Díaz

aldacros@gmail.com

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Nacido en la ciudad de México, Luis Alfonso Díaz de la Cruz fue adoptado por la ciudad de Aguascalientes cuando apenas contaba tres años. Desde entonces se ha dedicado a crecer y a cuestionarlo todo. Se formó como psicólogo y terapeuta bioenergético y psicocorporal y ha ejercido desde el año 2009 en consulta privada, en el sector público y como docente. Es también conferencista, ilustrador y cuentacuentos. Desde su adolescencia, a manera de pasatiempo en un principio y de manera profesional después, ha escrito cuentos cortos, teniendo en la actualidad un aproximado de 250 cuentos de su autoría. Alrededor de 10 de esos cuentos son de corte infantil. En Julio de 2018 es seleccionado ganador del 5to Premio Endira Cuento Corto, con su cuento «Resistencia», homónimo de la antología publicada en noviembre del mismo año con los 20 cuentos finalistas del concurso, presentada en la FIL de Guadalajara. Tiene, además, un par de cuentos publicados en Amazon: «Tres meses de bonanza» y «Algodón de azúcar». Fue colaborador en el año 2019 de la Antología Internacional Solidaria «El Filo de ELA» y se encuentra colaborando en otra antología de corte solidario, llamada «La Navaja del Silencio», a publicarse en 2021. Es autor del minilibro «Lobo» (Minilibros Sonora 2019) y está próximo a publicar su libro «Cuentos (no tan) comunes sobre personas comunes (Nueva Luz 2020). Habla catalán, le va al FC Barcelona y se autodenomina fanático de los tacos de suadero.

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