Aguascalientes ya no es lo que era hace X años. Ahora nos vemos en la necesidad de decidir si queremos vivir en un fraccionamiento cerrado con vigilancia las 24 horas, por aquello de la seguridad o preferimos el anonimato y la posible inseguridad que nos da cualquier calle de la ciudad.

Para quien ha vivido toda su vida en una calle abierta, en cualquier punto de la ciudad, mudarse a un fraccionamiento cerrado puede ocasionarle una sacudida social intensa. Para empezar tienes que “pedir permiso” a los vigilantes para acceder a tu domicilio, cuando antes simplemente te estacionabas frente a tu casa. Después te encuentras con que las casas de los fraccionamientos están tan, pero tan cerca una de otra, que puedes oír al vecino cuando va a hacer pipí a las dos de la mañana. Y ni hablar de los pleitos familiares, que son del dominio público.

¡Ah! ¿y qué decir de la hermosa casa llena de grandes ventanales? Hermosas ventanas que tienen que tener las cortinas cerradas las 24 horas so pena de que todo el fraccionamiento se entere de tus usos y costumbres domésticas.

Y los vecinos, Dios mío, los vecinos. Las personas que viven en cotos, fraccionamientos, privadas o como gustes llamarlos, se piensan no solo dueños de su casa, sino también de todos los espacios comunes; de modo que no te arriesgues a pasear a tu perro sin traer tu bolsita de plástico muy a la vista porque no faltará la vecina preocupadísima por proveerte con una; no pretendas estacionar tu carro frente a una casa que no sea la tuya, aunque no obstruyas la cochera, ellos creen que la banqueta frente a su propiedad les pertenece.

Otro encanto de estas comunidades son los niños o más bien debo decir los padres de los niños, que ignoran olímpicamente que hay un área de juegos en todo fraccionamiento y sueltan a sus fieras en la calle, con lo que tu tranquilo domingo se convierte en una sinfonía de aullidos, llantos, gritos, pelotas, carreras de bicicletas y perros histéricos a lo largo de toda la cuadra. Todo lo anterior en medio de la nube de humo del vecino que no pierde oportunidad cada domingo de lucir su asador, acompañado, claro, de música a un volumen suficiente para que te acompañe por toda tu casa.

Las juntas de condóminos, ni forma de librarte de ellas, ya que de lo contrario te arriesgas a no poder reclamar el verde chillón que pusieron en la barda de entrada ya que si lo haces, la respuesta inmediata es “si no vienes a las juntas…”

Ahora que conoces algunas de las delicias de vivir en un coto, toma tu decisión y suerte con ella.

 

Para Centuria Noticias: Gaby Escalante

g.escalante@centuria.mx

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