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Los salarios tan bajos obligan a las dos cabezas de familia a trabajar fuera de casa todos los días durante jornadas cada vez más largas, por lo que los hijos quedan a merced de los peligros de la calle y sobrevienen muchas conductas de riesgo. En primer lugar, Aguascalientes padece problemas crecientes de pandillerismo, alcoholismo, drogadicción, prostitución y embarazos juveniles. En segundo lugar, está todo el tema de la mala alimentación y degradación de la salud: se generaliza la comida chatarra que deriva en desnutrición (10%) o en sobrepeso y obesidad (30% por ciento de los niños y 72% de los adultos). En tercer lugar, muchas familias terminan siendo rehenes de los usureros y acaban perdiendo la vivienda o los bienes del hogar. En cuarto lugar, somos uno de los diez estados con mayor porcentaje de expulsión de migrantes a Estados Unidos; todavía salen unos 2 mil jóvenes y adultos por año; allá radican alrededor de 200 mil aguascalentenses (que, en recompensa, mandan a sus familias más de un millón de dólares al día). En quinto lugar, está de nuevo sobre la mesa el tema de la violencia, la inseguridad y la tentación del crimen organizado. En sexto lugar, se presenta el fenómeno de la depresión y hasta el suicidio.

Sin duda, los gobiernos federal, estatal y municipal han canalizado buena parte de sus presupuestos a programas sociales, algunos muy efectivos como las becas de Prospera. Lo más importante, sin embargo, es la prestación de servicios básicos al hogar (agua, drenaje, pavimentación, electrificación, recolección de basura, escuelas, centros de salud…) que se realiza a casi todos los hogares de zonas urbanas. Sin embargo, también debemos reconocer que hay mucho por hacer. Menciono algunos retos. Primero, las comunidades rurales no reciben estos servicios de manera oportuna y suficiente (las escuelas no tienen maestros, los centros de salud no tienen médico o medicinas, los caminos están destrozados, el agua entubada y el drenaje no llegan al domicilio…) Segundo, las oportunidades de educación, empleo y abasto están concentradas en ciertas áreas de la ciudad de Aguascalientes (centro, sur y norte), mientras que la población se asienta al oriente, más allá del tercer anillo, por lo que gasta mucho dinero en un transporte público caro y deficiente o, en gasolina cara para trasladarse en su viejo automóvil.

Si bien es cierto que los salarios no deben subirse por decreto, sino que primero hay que elevar la productividad, parece paradójico que, según cifras del Inegi, la productividad laboral en Aguascalientes es 16% superior al promedio nacional y, sin embargo, los salarios sigan 15% inferiores al promedio nacional.

Para Centuria Noticias: Jesús Alvarez Gutiérrez

j.alvarez@centuria.mx

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