“El matrimonio es una figura que conceptualmente viene de matriz. Eso no lo puedo cambiar, porque conceptualmente es así.” Esta declaración lingüístico-filosófica-etimológica pertenece a la diputada Karina Banda, del Partido Encuentro Social (PES), quien funge además como presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Congreso del Estado de Aguascalientes.

Si bien esta afirmación sugiere un profundo conocimiento de la lengua, lo cierto es que es completamente errónea, al menos desde el punto de vista lingüístico-etimológico. Más grave aún: pone en evidencia el total desconocimiento de la figura del matrimonio por parte de la legisladora Karina Banda, ya no sólo a nivel léxico, sino también a nivel jurídico, especialmente en el carácter que tiene el matrimonio en la perspectiva del Derecho Romano, disciplina que ha definido con mayor amplitud el carácter del matrimonio.

En primera instancia, es necesario precisar que tanto matriz como matrimonio provienen de la palabra latina mater, cuyo significado es ‘madre’; sin embargo, el hecho de que tengan una raíz en común no es condición suficiente para afirmar que matrimonio proviene de matriz ni léxicamente ni conceptualmente, como afirma la diputada Karina Banda. En todo caso, la raíz en común pone en evidencia que ambos términos, matriz y matrimonio, comparten una esfera de significación: ambas palabras están relacionadas con el concepto de ‘madre’.

Por otro lado, es importante precisar también que en la antigua Roma la palabra matrimonium designaba un tipo de vínculo legal entre un hombre y una mujer. Cabe señalar además que el matrimonio convivía con vínculos entre personas, los cuales, de hecho, poseían un reconocimiento legal, tal es el caso del sine connubio que se refería a la unión entre ciudadanos romanos de clases no privilegiadas; el concubinato, como la unión con fines meramente sexuales; y el contubernio, es decir, la unión entre esclavos o entre libres con intención sexual. Todas estos vínculos entre personas estaban reconocidos por el Estado romano.

En este sentido, en Derecho Romano –cuya lengua fue el latín– la unión legal de una pareja no corresponde necesariamente con el matrimonium, sino con el denominado connubium, que sólo estaba reservado para los ciudadanos romanos de las clases privilegiadas. El connubim, de cualquier modo, es un vocablo que designaba la unión legal de un hombre y una mujer con la finalidad de procrear hijos legítimos.

A lo largo de la historia, las sociedades se han preocupado por regular la unión entre las personas, a fin de otorgarle un espacio digno a la descendencia que comúnmente emana de estos vínculos. En la antigua Roma, la figura del matrimonium tenía esta función, pues unía legalmente a un hombre con una mujer, para convertirla en madre exclusiva de su descendencia legítima. De este modo, se procuraba garantizar que el padre mantuviera las obligaciones hacia su linaje. Evidentemente, con el paso del tiempo y el advenimiento de diferentes acontecimientos, ciertas figuras permanecieron, como el matrimonio, mientras que otras desaparecieron, tal es el caso del connubio.

La afirmación de la diputada Karina Banda, “El matrimonio es una figura que conceptualmente viene de matriz”, carece de todo fundamento y, una vez más, pone en evidencia su renuencia a aceptar el fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que obliga a modificar el estatus que actualmente tiene el matrimonio en el Código Civil del Estado de Aguascalientes.

Finalmente, someter a un análisis o a una discusión el fallo de la SCJN supone una total pérdida de tiempo, tanto para la diputada Karina Banda como para el trabajo legislativo que lleva a cabo el Congreso del Estado, en virtud de que un fallo de la Corte es inapelable. En suma, los derechos humanos que se consagran no son retroactivos. El matrimonio igualitario es un asunto juzgado y así permanecerá.

 

 

Para Centuria Noticias: Aldo García

a.garcia@centuria.mx

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