Los seres humanos somos por naturaleza renuentes al cambio. Nos gusta que las cosas permanezcan igual cuando nos sentimos cómodos; somos temerosos de perder lo que tenemos y preferimos conformarnos con lo que creemos seguro por no arriesgarnos a ir por más.

Correr riesgos no es sencillo, pero todos podemos hacerlo: sólo necesitamos reunir un poco de coraje y dar el salto hacia lo desconocido. La vida es dinámica y evitar los cambios nos hace ir a contra corriente. Si te dejas llevar, te aseguro que te darás cuenta de que el único riesgo verdadero es no aprovechar una nueva oportunidad.

Para mí, los últimos meses han sido de transformación por dentro y por fuera. Me he dado la oportunidad de aceptar los cambios y cada uno de ellos me ha mostrado que la renovación nos hace vivir más intensamente; que la adrenalina que genera dejar la zona de confort es alimento para el alma y que cada nuevo reto nos hace sentir más la emoción de vivir.

Ayer cerré un ciclo más en mi vida profesional y lo hago lleno de satisfacciones y sintiéndome feliz. Estoy seguro de que vendrán nuevos proyectos, nuevos amigos y compañeros, nuevas experiencias, pero sobre todo: más vida.

No se puede cerrar un ciclo sin el agradecimiento. Gracias, Don Agustín, gracias, Pepe, y gracias a mis compañeros de trabajo. Ha sido una experiencia extraordinaria y a donde vaya siempre tendré cosas buenas para referirme a todos ustedes.

Hoy escribo sólo unas pocas líneas, pero –eso sí– llenas de sentimiento, de buenos deseos y de agradecimiento.

 

 

Para Centuria Noticias: Alberto Romero

a.romero@centuria.mx

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