Fotografía de Eneas de Troya (https://www.flickr.com/photos/eneas/7479516188)

Son muchos los factores que mantienen a Andrés Manuel a la cabeza en las preferencias electorales y que permiten que sus adversarios despunten. En esta columna quiero compartir algunas reflexiones a propósito de este escenario. Se trata de una opinión personal, basada en los hechos del actual proceso electoral.

Lo primero que mantiene a AMLO a la cabeza son su propios adversarios, quienes se han mostrado con poca calidad moral para defender sus candidaturas en relación con el historial que los precede, particularmente el desempeño que han tenido sus respectivos partidos en los diferentes gobiernos y congresos.

José Antonio Meade podrá decirse todo lo ciudadano que él quiera, pero a final de cuentas es el abanderado del PRI al gobierno de la república, partido que se ha ganado el repudio de la gente tras más de 80 años de corrupción, mentiras y opresión. La honestidad que pretende vender Meade se ve opacada por la casa blanca, OBEDRECH, la estafa maestra o el gasto multimillonario en imagen de su coordinador de campaña en su paso por la SEP.

Ricardo Anaya, aunque segundo en las preferencias, llegó a la candidatura tras un golpe de estado al PAN: se adueñó de un partido político que siempre se ha jactado de ser democrático y se impuso a sí mismo como candidato a presidente, sumando a un PRD que sin AMLO se fue en picada y a Movimiento Ciudadano, que lo único que aporta son buenos jingles de campaña.

A Margarita y al Bronco, con todo respeto, ni si quiera vale la pena mencionarlos.

Así pues, sin asegurar que AMLO sea el mejor candidato o la mejor opción, es el único que ha logrado sumar y mantener voluntades. En primer lugar, por el enorme lastre de sus contrincantes; y, en segundo, por una estrategia de campaña en la que está dispuesto a ofrecer todo lo que los distintos sectores de la sociedad quieren escuchar, aunque es evidente que, de llegar a la presidencia, difícilmente cumplirá sus promesas tal como las ofrece.

AMLO sabe que a muchos les gusta el tema de cancelar el aeropuerto; el de eliminar la reforma educativa; el enfrentar a los más ricos empresarios o vender el avión presidencial y terminar con los privilegios de la clase política: por eso lo promete, aunque no todo lo vaya a cumplir o al menos no como sus detractores lo advierten. AMLO sabe que está en campaña y está haciendo lo necesario para mantenerse como el favorito para ganar.

Sus adversarios, en contraste, se han concentrado en descalificarlo a como dé lugar, pero sin ir a la par, permeando sus propias propuestas.

Anaya y Meade atacan a AMLO por sus propuestas, sin saber que el electorado está convencido de las mismas. También lo han atacado por su paso en el gobierno de la Ciudad de México; sin embargo, la candidata de su partido igual se mantiene a la cabeza en las preferencias electorales. En otras palabras, pretenden pegarle donde no le duele.

Este proceso electoral está basado en Andrés Manuel y él lo sabe y sus adversarios no han tenido el talento para cambiar la agenda. Por el contrario, lo han engrandecido aún más, al centrar su discurso precisamente en AMLO y no en ellos mismos.

 

Para Centuria Noticias: Alberto Romero

a.romero@centuria.mx

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