Siendo que tenemos un proveedor de agua europeo (Veolia/CAASA), resulta paradójico que cualquier francés pueda tomar agua de la llave de su casa, pero ningún aguascalentense lo haga por gusto. Para entender las causas de esta problemática, es necesario establecer lo siguiente:

Aguascalientes es uno de los pocos municipios del país que provee el servicio de agua potable a través de una empresa privada con carácter monopólico. Perdón, uno de los pocos municipios DEL MUNDO con un servicio de estas características.

Primero lo primero, el agua es un recurso esencial para la vida, pero no sólo esencial en el sentido de que la permite: es también un recurso que determina la calidad de vida de los habitantes de una región, tanto fisiológica como psicológicamente. El segundo concepto al que hago alusión es el de “potable”. Si bien sale agua de la llave, me gusta colocar entre comillas la palabra potable, ya que basta con darnos una vuelta por cualquier centro de atención de CAASA para constatar de primera mano que ellos mismos toman agua de garrafón y por ningún motivo se servirían un vaso directo de la llave. Lo anterior significa que el agua que recibe cada uno de los ciudadanos del municipio de Aguascalientes no es apta para el consumo humano, porque si lo fuera -dejando a un lado todas las defensas legales y técnicas que pueda tener esta empresa- ellos mismo la tomarían directamente de la llave. Aquí no hay más que discutir.

El tercer concepto de la ecuación es la parte privada. Darle el control a un ente privado para la explotación de un recurso implica, de manera obligada, que dicho recurso sea explotado con fines de lucro. En otras palabras, el objetivo principal de cualquier persona moral privada es el lucro, no el cuidado, la calidad o la sostenibilidad. Además, dicho lucro tiene que obedecer a las reglas del mercado, las cuales dictan que la ganancia tiene que ser mayor cada periodo. Es decir, cada año los accionistas de CAASA le exigen a la empresa presentar un crecimiento en utilidades mayor al periodo pasado. ¿A costa de qué logran este crecimiento? Probablemente recortando en gastos (¿sacrificando la calidad?), ya que el precio no lo puede modificar la concesionaria.

Y no hay que quitar el dedo del renglón: esta empresa no tiene como objetivo principal salvaguardar este recurso y mucho menos proveerlo con la misma calidad con la que la proveerían en Francia (lugar de origen de Veolia, empresa dueña de CAASA), pues en el momento en que deje de ser rentable pueden empacar sus cosas e irse al siguiente municipio vulnerable del sur global.

Ahora quiero tratar el último concepto al que hice mención: el monopolio. En el caso de Aguascalientes, al privatizar olvidamos a la competencia como parte esencial de la receta. La competencia asegura que diferentes variables, como lo puede ser la relación precio-calidad, sean pilares fundamentales al momento de elegir un servicio. En Aguascalientes, los consumidores no están en libertad de escoger al proveedor de este servicio, por lo que a CAASA no le interesa brindar un agua de calidad y verdaderamente potable. En pocas palabras, los consumidores de agua del municipio de la capital son rehenes de CAASA, una empresa extranjera, con fines de lucro.

Así pues, ¿es posible que un monopolio privado, extranjero, cuide el agua de una manera sostenible, con calidad aceptable, para asegurar la subsistencia, el bienestar humano y el desarrollo socioeconómico? La respuesta es un rotundo no. Una provisión de agua potable, privada y sin competencia sirve a un propósito principal: privatizar las ganancias y hacer públicas las pérdidas.

Si el monopolio de la fuerza física legítima debe estar en manos del Estado, ya que es la única manera en la que puede haber paz y armonía en la sociedad, ¿cómo es posible que el agua, que es igual de importante para el desarrollo humano, no lo esté? Parece que en lugar de tener un proveedor de primer mundo, tenemos una potencia colonizadora que sólo extrae nuestros recursos. Sigamos el ejemplo de los bolivianos en Cochabamba y devolvamos el más preciado recurso a nuestras manos; las manos de los aguascalentenses.

 

Para Centuria Noticias: Jenny Parra

jennifer.kristel.parra@gmail.com

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