El hombre estornudó y al poco tiempo su mano izquierda se adormeció. Sobre ella comenzó a sentir un hormigueo suave, pero constante, que en automático la debilitó hasta el punto de impedirle realizar casi cualquier movimiento, de manera permanente.

De eso ya hace dieciocho años. Al principio no le dio demasiada importancia por tratarse de la mano izquierda y ser él un escritor diestro; sin embargo, con el paso de los días y descubrir la falta que le hacía la mano izquierda en sus actividades cotidianas, aunado al hormigueo que no cesaba y que era en demasía molesto, la preocupación no cesó y decidió buscar ayuda profesional.

Fue de esa manera que conoció al Doctor R., un neurólogo dedicado al estudio de enfermedades del Sistema Nervioso. Para su sorpresa, jamás en su vida se había encontrado con un caso similar, pero, al ser la mayor autoridad en el campo, tomó el caso como propio y se dedicó en cuerpo y alma a estudiarlo durante años.

Los encefalogramas, las radiografías y todos los estudios que realizaron apuntaban a que no existía (o no debería de existir) ninguna anomalía, pero el hormigueo y cansancio evidenciaban lo contrario. El hormigueo no paraba ni siquiera en aquellos momentos en que llegó a padecer otras enfermedades. Tampoco sucedió algún estornudo ocasional, cuyo estruendo y estrépito erradicara la sensación, algo así como lo que ocurre en los dibujos animados cuando un golpe descompone y otro más lo vuelve a componer.

Nada. Dieciocho años de pruebas y estudios y nada. Todo seguía igual, pero ni el hombre ni el Doctor R. cejaban en sus esfuerzos por descubrir qué pasaba, y quizás fue por eso, por el tesón con el que el Doctor R. asumió el caso, que fue nominado al Premio Nobel de Medicina en su edición pasada.

Al evento fueron invitados el Doctor R. y el hombre, así como sus respectivas esposas. Fue una ceremonia muy bonita con mucho glamour y grandes protocolos donde el mundo entero conoció por primera vez el Síndrome que padecía el hombre en cuestión y, tras la cual, le pusieron su nombre ─y no el del doctor─ al padecimiento.

A partir de ese momento, si es que quedaba lugar a dudas, el Docto R. fue reconocido como el mayor especialista de enfermedades del Sistema Nervioso y se dedicó a viajar por el mundo. En sus incontables viajes se dedicó a atender, pero también a recibir títulos honoríficos, a la par que dictaba charlas y conferencias acerca del Síndrome recién descubierto, ese mismo que lo catapultó a la gloria y a los anales de la historia, casi al nivel de Pasteur o Fleming.

Aquel pobre hombre enfermo dejaría de recibir la atención y los cuidados del Doctor R., pues no había espacio en su agenda para algo que, de un momento a otro, se había convertido en un asunto de poca importancia. Tal vez está de sobra decirlo: el hormigueo en la mano izquierda del enfermo nunca desapareció, pero se consolaba diciéndose que era famoso. Y que una notable enfermedad ahora ostentaba su nombre.

 

Para Centuria Noticias: Alfonso Díaz

aldacros@gmail.com

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Nacido en la ciudad de México, Luis Alfonso Díaz de la Cruz fue adoptado por la ciudad de Aguascalientes cuando apenas contaba tres años. Desde entonces se ha dedicado a crecer y a cuestionarlo todo. Se formó como psicólogo y terapeuta bioenergético y psicocorporal y ha ejercido desde el año 2009 en consulta privada, en el sector público y como docente. Es también conferencista, ilustrador y cuentacuentos. Desde su adolescencia, a manera de pasatiempo en un principio y de manera profesional después, ha escrito cuentos cortos, teniendo en la actualidad un aproximado de 200 cuentos de su autoría, siendo alrededor de 10 de ellos, cuentos infantiles. En Julio de 2018 es seleccionado ganador del 5to Premio Endira Cuento Corto, con su cuento “Resistencia”, homónimo de la antología publicada en noviembre del mismo año con los 20 cuentos finalistas del concurso, presentada en la FIL de Guadalajara. Tiene, además, un par de cuentos publicados en Amazon: "Tres meses de bonanza" y “Algodón de azúcar”; este último, de corte infantil, bajo el seudónimo de su personaje cuentacuentos: Rivelín con H. Es, además, autor del mini libro “Lobo”, que contiene tres cuentos de su autoría. Habla catalán, le va al FC Barcelona y se autodenomina fanático de los tacos de suadero.

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