…Yo sólo sé que soy el autómata QZR-32. Mi función es darles la bienvenida y recorrido inicial por el Complejo Industrial a todos los nuevos siervos como ustedes. Como tú. Como yo.

Nos encontramos en el centro del Cañón del Atlántico que otrora, hace muchos siglos, estuviera inundado por aquel gran contaminante que era el agua, pero que, gracias al sabio y dedicado trabajo del Imperio y de la Máquina, poco a poco se fue drenando hasta quedar completamente seco, dando paso así al Progreso y a la Evolución.

Por favor, siéntanse libres de recorrer las instalaciones durante ciento ochenta y cuatro minutos, pero por ningún motivo se dirijan hacia la zona vedada del sur, puesto que todavía se encuentra bajo la inspección arqueológica después del hallazgo que ahí tuvo lugar el lustro pasado. Dicen que ahí encontraron colores.

Dicen, también, que esos colores estaban impresos en unos objetos rudimentarios, llamados libros, y que éstos se encontraron dentro de una arcaica biblioteca, que viene a ser algo así como el antecesor primario de nuestra Gran Madre, La Web.

Dicen que esos libros pertenecieron a unos seres como nosotros, pero que, en lugar de llamarse autómatas, se llamaban a sí mismos mujeres y hombres, que tenían nombres, que respiraban aire puro (por favor, no se quiten los cascos) y que, como defectuosos que eran, se enfermaban constantemente por un virus terminal al que los antiguos llamaban Amor y morían con una horrible mueca a la que llamaban sonrisa y con un extraño brillo en los ojos. Eran tan insalubres cuando los afectaba este virus que ¡hasta se besaban! Y soñaban. Bueno, dicen que soñaban aunque aún no se sabe a ciencia cierta lo que es soñar. Pero algunos autómatas tenemos una idea de lo que es. Yo, por ejemplo, creo que una vez soñé que soñaba. Y en mi sueño soñaba que no usaba este casco y que me bañaba en las templadas aguas de una mujer que me acariciaba y me besaba y me amaba.

Y yo sonreía… ¡pero bueno! Yo no lo sé de cierto.

No sé exactamente lo que es soñar, ni sé si alguna vez soñé que soñaba. Yo sólo sé que soy el autómata QZR-32 Mi función es darles la bienvenida y recorrido inicial por el Complejo Industrial a todos los nuevos siervos como ustedes. Como tú. Como yo.

Nos encontramos en el centro del Cañón del Atlántico que otrora…

 

Para Centuria Noticias: Alfonso Díaz

aldacros@gmail.com

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Nacido en la ciudad de México, Luis Alfonso Díaz de la Cruz fue adoptado por la ciudad de Aguascalientes cuando apenas contaba tres años. Desde entonces se ha dedicado a crecer y a cuestionarlo todo. Se formó como psicólogo y terapeuta bioenergético y psicocorporal y ha ejercido desde el año 2009 en consulta privada, en el sector público y como docente. Es también Médico de la Risa, conferencista, ilustrador y cuentacuentos. Desde su adolescencia, a manera de pasatiempo en un principio y de manera profesional después, ha escrito cuentos cortos, teniendo en la actualidad un aproximado de 160 cuentos de su autoría, siendo alrededor de 10 cuentos infantiles. En Julio de 2018 es seleccionado ganador del 5to Premio Endira Cuento Corto, con su cuento “Resistencia”, homónimo de la antología publicada en noviembre del mismo año con los 20 cuentos finalistas del concurso. Tiene, además, un par de cuentos publicados en Amazon: "Tres meses de bonanza", y un cuento infantil llamado “Algodón de azúcar” bajo el seudónimo de su personaje cuentacuentos: Rivelín con H. Habla catalán, le va al FC Barcelona y se autodenomina fanático de los tacos de suadero.

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