El pasado sábado 23 de septiembre fue un día muy especial para el maestro Efrén González Cuéllar, figura emblemática de la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA), pues además de haber trabajado como docente por más de 50 años, fue también fundador de la licenciatura en Derecho y se desempeñó como rector de dicha institución educativa. Todos los expresidentes de la Federación de Estudiantes de la UAA se organizaron para hacer un homenaje sorpresa y honrar la gran labor del maestro Efrén González Cuéllar en la Universidad.

Todo pintaba para ser un día como cualquier otro. Los familiares del maestro Efrén, en complicidad con los organizadores del homenaje, lo llevaron a un hotel ubicado al norte de la ciudad. Al ingresar a uno de los salones, recibió con gran emotividad y sorpresa la festividad que habían preparado para él. Durante el evento, diferentes personalidades compartieron anécdotas, momentos de alegría e, incluso, los regaños vividos a lado del maestro Efrén González Cuéllar: en primera instancia, sus hijos le agradecieron los valores y educación inculcados; su sobrino y ahora abogado, Javier González, relató la manera en que el maestro Efrén les insistió a sus padres para que le permitieran convertirse en abogado; uno de sus exalumnos recordó sus clases, pues la asignatura que impartía el maestro Efrén estaba programada a la primera hora, “Él provocaba que sus alumnos se enamoraran de la carrera, del Derecho. El maestro es y ha sido todo lo que un ser humano quisiera ser”, dijo durante su intervención.

A continuación, presentamos las palabras que pronunció el maestro Efrén González Cuéllar durante el homenaje, luego de recibir su reconocimiento:

Ojalá me lo merezca, porque ya no lo devuelvo. Gracias: nunca esta palabra había tenido tan hondo contenido como hoy. Gracias.

El hombre busca eternidad y como no la logra físicamente, busca esa eternidad en el recuerdo de los demás y, ¡bendito sea Dios!, yo he logrado que se acuerden de mí: mientras uno solo, uno solo se acuerde mí, yo no moriré eternamente, sino que estaré entre ustedes.

Pero es evidente que una vida no se hace sola y siempre está uno acompañado de alguien que hace posible eso. Yo tuve la fortuna de encontrar una esposa que me ha aguantado en todo: en lo bueno, en lo próspero y en lo adverso; sin ella yo no habría hecho nada. Ella me dio a mis hijos, quienes tuvieron que sacrificar muchos de sus momentos a mi lado, porque yo los entregué a la universidad. Sin esa renuncia, yo no habría podido hacer nada.

Entre ustedes se encuentra el maestro Gonzalo González, quien también fue docente y rector de la Universidad. Él y yo fuimos compañeros no sólo de la universidad y de la vida profesional, sino desde niños. Gonzalo y yo somos amigos desde que teníamos 7 u 8 años: siempre encontré en él la respuesta a mis inquietudes. A Angelica, quien colaboró profundamente en el bachillerato, como muchos otros también lo hicieron, pero ella además se entregó para que convertirlo en el mejor bachillerato de Aguascalientes.

Afortunadamente Dios me ha dado la oportunidad de lograr algunas cosas: me he desempeñado en diferentes puestos y en todos ellos trabajé con profundo cariño. Eso sí, el que menos me gustó fue el de Procurador General de Justicia, pero aun en ese caso, laboré con todo mi esfuerzo, competencia y honestidad.

Vivimos en un México verdaderamente difícil: un México con una inseguridad, con un terrible peligro de desaparecer como pocas veces en la historia lo ha tenido. A todos los que estamos aquí, a los que nos dedicamos al bien de la sociedad, nos corresponde tratar de salvar a nuestro país: ese México que debe ser un ejemplo y no un deshecho de maldad y de corrupción, sino de entrega, de trabajo, de esfuerzo. Luchemos también por que la Universidad Autónoma de Aguascalientes no se deshumanice; que no pierda esa calidad humanitaria que tiene y que la ha distinguido desde su fundación; hagamos todo lo posible para que más personas estudien en ella. Salven Aguascalientes y salven México. No dejen, de ninguna manera, que se deshumanice la Universidad, no lo permitan por ningún motivo: luchemos todos por sacar adelante a Aguascalientes, por sacar adelante a México. Ayudemos a nuestra patria en estos momentos. No seamos ciegos a lo que está pasando en nuestra tierra, no sólo físicamente, sino también moralmente.

Si no nos unimos todos, México estará en peligro de destruirse a sí mismo. Hagamos de Aguascalientes el estado de la gente buena y una base para que salvar a México.

Por último, el maestro Efrén González Cuéllar cerró su intervención con el poema “En paz”, de Amado Nervo:

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,

porque nunca me diste ni esperanza fallida,

ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;

 

que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,

fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:

cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

 

Hallé sin duda largas las noches de mis penas;

mas no me prometiste tan sólo noches buenas;

y en cambio tuve algunas santamente serenas…

 

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.

¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

Efrén González Cuéllar estudió Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México y desempeñó diferentes cargos como funcionario público, entre los que destacan: juez mixto, juez penal; además, estuvo a cargo del supremo tribunal de justicia y también trabajó como notario público; fungió como secretario general de gobierno y fue el segundo ombudsman del país. Como académico, inició sus labores en el Instituto Autónomo de Ciencias y Tecnologías y fue cofundador de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, donde fue el primer Decano del Bachillerato, Jefe del Departamento de Derecho, decano del Centro de Ciencias Sociales y Humanidades, Rector y miembro de la Junta de Gobierno. El maestro Efrén González Cuéllar hace un año se retiró, luego de 53 años de servicio a la universidad.

Para Centuria Noticias: Alejandro Moreno / Germán Gis

a.moreno@centuria.mx / g.gis@centuria.mx

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