Probablemente el futbol es el deporte con mayor presencia a nivel mundial, una presencia que le ha permitido que el balompié tenga un gran impacto en otras disciplinas, como la literatura. En México, tenemos, por ejemplo, la obra titulada Dios es redondo, de Juan Villoro, en la que ofrece una vibrante crónica de esa suerte de religión en la que se ha convertido el futbol. Lo cierto es que quienes hacen posible el futbol –jugadores, cuerpo técnico, aficionados– han creado su propia narrativa, su propia literatura y, por supuesto, su propia poesía.

En agosto del año pasado, Marcelo Leaño, quien fuera director técnico de los Rayos del Necaxa, enunció una bellísima frase durante la rueda de prensa que se celebra después de cada partido: “Uno en la vida puede ser protagonista o espectador”, palabras que iban con dedicatoria a sus jugadores, quienes tuvieron un gran desempeño a lo largo del encuentro, de ahí que afirmara que sus jugadores se convirtieron en protagonistas del partido y gracias a ello habían obtenido el triunfo.

La frase, claro está, aplica a cualquier terreno o escenario. Al igual que los futbolistas que dejan el alma en el campo de juego, en la vida, esa cancha en la que a todos nos toca jugar, tenemos cuando menos dos opciones: ser protagonistas o espectadores. Habrá circunstancias que nos obligarán a fungir como espectadores, pero las exigencias del día a día demandan que nos convirtamos en los protagonistas de nuestra propia vida, de nuestra propia existencia.

Éste es el tiempo de vivir, el único, escribió el poeta Jaime Sabines, seamos, pues, los protagonistas de nuestra vida y procuremos lo mejor que ella pueda ofrecernos. Y aún más.

 

 

Para Centuria Noticias: Aldo García

a.garcia@centuria.mx

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