En “Metaphors we live by”, George Lakoff y Mark L. Johnson abordan el análisis de las metáforas en la lengua cotidiana. A lo largo del libro, los autores muestran que este recurso no es privativo de los textos literarios, pues las metáforas constituyen uno de los más poderosos procesos cognitivos y, en este sentido, es una capacidad de la que no podemos prescindir.

La perspectiva que proponen Lakoff y Johnson, también ofrece luz para describir metáforas menos cotidianas, como los siguientes versos de Antonio Machado:

“Soñaba el alma de piedra

que el amor era un cuchillo

que se iba afilando en ella.”

En los terrenos de lo amoroso, no es raro encontrarnos personas difíciles de conmover, en el sentido de que son poco expresivas, o bien, no gustan de hacer o de recibir las clásicas manifestaciones de afecto o de cariño. De igual forma, están aquellas personas que niegan o reniegan de la existencia de lo amoroso, ya sea por alguna decepción o por no haber experimentado algún estremecimiento en la filigrana más sensible. En cierto modo, Antonio Machado hace alusión a estas personas en los versos citados. Así, un alma de piedra es aquella que posee alguna de las propiedades que caracterizan a las piedras: su dureza, su falta de sensibilidad, su aspereza, entre otros rasgos. Un alma de piedra es, entonces, un alma que no es propensa a dar afecto ni a las sensiblerías propias de aquel que se encuentra perdidamente enamorado.

Por otro lado, uno de los instrumentos de cocina de uso más o menos recurrente es la piedra para afilar cuchillos, cuyo funcionamiento es muy simple: basta raspar el borde afilado del cuchillo contra la piedra para que aquel recupere su filo primordial. En cierta forma, lo que hacemos es desgastar un poco ese borde para que vuelva a adquirir el filo perdido. Y con esta acción, la piedra, aunque no sea del todo perceptible, también sufre un desgaste.

Estas escenas nos permiten entender de mejor manera los versos: el concepto de amor se proyecta en la entidad que es el chuchillo. Así pues, para que este cuchillo de amor recupere su natural filo requiere de una piedra que, como mencioné antes, corresponde conceptualmente con aquella alma rígida, poco sensible o inconmovible. De esta manera, lo que plantea Antonio Machado es que incluso esas almas duras y ásperas habrán de ser tocadas por el amor, aunque en ese contacto el amor y el alma terminen también, poco a poco, desgastados.

Es igualmente interesante que este choque de entidades aparentemente dispares y no conciliables sea propuesto en el plano de lo onírico, de los sueños, ya que el alma de piedra percibe esta situación única y probablemente en sus más recónditos sueños, quizá porque en el fondo esas almas imperturbables e inconmovibles también desean que el amor se encuentre en ellas, con ellas.

Quizá la apuesta es ésa: aunque el amor sea un cuchillo que se va afilando en nosotros; aunque sea un cuchillo que se desgasta en nosotros y al que acaso desgastamos nosotros, vale la pena apostar por esos amores para toda la vida, aunque en el fondo sepamos que no todos los amores son para toda la vida.

 

Para Centuria Noticias: Aldo García

a.garcia@centuria.mx

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