1998 fue un año que marcó la industria de los videojuegos para siempre, o por lo menos lo hizo para mí. Esa navidad, que no pasé en Aguascalientes, sino que más bien viajé a Zamora, Michoacán, para estar con la familia, con 14 años de edad, ya sabía cual sería mi regalo de navidad, puesto que yo no quería otra cosa.

Yo trabajé en la Tlapalería “Reforma”, ubicada enfrente del mercado Terán, el de las flores. Para que me entienda mejor, y la única razón por la que entré a trabajar con don Rubén Berumen a su negocio, era para comprarme un Nintendo 64, porque ese año, ese maravilloso y mundialista 1998, el 23 de noviembre saldría a la venta The Legend of Zelda: Ocarina of Time.

Mi papá, buscando fomentar el hábito del ahorro, me dijo: “Por cada peso que tú ahorres, yo te pongo otro”, y así fue como, después de muchas lecciones, buenas “friegas” y varios fines de semana invertidos en ello, pude comprarme mi Nintendo 64.

El caso es que, en navidad, yo sabía que el regalo era el ansiado brinco de las aventuras de Link al mundo del 3D, y desde ese día nunca nada fue igual. Hoy, a 20 años de su lanzamiento, este juego siempre ha sido mi respuesta a la pregunta: ¿cuál es tu juego favorito?

O lo era, hasta hoy que escribo estas líneas, miércoles 12 de septiembre a las 23:35 horas, mientras veo en el Nintendo Switch los créditos de mi nuevo juego favorito: The Legend of Zelda: Breath of the Wild, ¡vaya maravilla de aventura la que acabo de pasar!

Breath of the Wild fue la única razón por la que no me deshice de mi Wii U, una consola abandonada a su suerte, cuyo canto del cisne fue esta última entrega de la amada saga de juegos de aventura. Debo confesar que mi decepción fue grande cuando se anunció que el juego aparecería no solamente como último juego de Wii U, sino también como juego de lanzamiento en el Nintendo Switch.

Finalmente me hice primero de la versión de Wii U, en la que dejé inconcluso un archivo con 97 horas jugadas (gracias a la Tablet que te permitía no estar jugando en la tele) porque finalmente, y después de convertirme en papá gamer y todo lo que eso representa, compré una Nintendo Switch y, por supuesto, Breath of the Wild.

A la versión de Nintendo Switch no hay manera de saber exactamente cuántas horas se le invirtieron, porque en el archivo dice: has jugado 55 horas o más, pero “haiga sido como haiga sido”, dijo aquel, sin duda, con casi 200 horas, Breath of the Wild es el juego al que más horas le he invertido, aún faltan cosas por recorrer, como el DLC (contenido descargable), pero, sin duda, se ha convertido en mi juego favorito.

Podría pasar horas escribiendo acerca de esta maravilla, pero todo se resume a que The Legend of Zelda, Breath of the Wild es una experiencia que cualquier videojugador debe de tener, por lo menos en cuanto a darle una oportunidad, un juego como pocos, MUY pocos en la historia de esta industria.

Ya sea la versión de Wii U o la de Switch, Breath of the Wild es un ganador, tan es así que, en mi caso, desbancó al que fue mi juego favorito durante 20 años.

 

Para Centuria Noticias: Arturo Reyes

a.reyes@centuria.mx

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here