Foto: The Joneses

Ya con la Feria de San Marcos en puerta, resurge la polémica de la Fiesta Brava, espectáculo que para algunos es muestra de “arte y cultura” y para otros fiesta de tortura.

Las corridas de toros son un espectáculo español que tiene sus orígenes en los juegos romanos donde se mataban a diferentes animales para la “diversión” de los espectadores.

De acuerdo con Plinio el Viejo, en su Historia Natural, el emperador romano Julio César introdujo en el Coliseo el espectáculo de la lucha entre un toro y un hombre armado con espada y escudo.

También en Creta, se pueden ver frescos en el palacio llamado el Laberinto, que muestran hombres y mujeres enfrentados a toros a quienes además caracterizan como monstruos agresivos, cuando todos sabemos que es un animal pacífico por naturaleza.

En 1567, Pío V expide una bula papal “De Salute Gregis Dominici” en donde excomulga a los toreros, a los Príncipes Cristianos y a todas las personas que asistan a las corridas de toros, incluso negando sepultura cristiana a los que murieran a consecuencia de una corrida. De acuerdo con la bula, las corridas de toros “son espectáculos sangrientos y vergonzosos”.

El sucesor de Pío V, Gregorio XII, suprime la excomunión, para que a su vez su sucesor Sixto V la vuelva a restablecer.

Finalmente, Clemente VIII  en 1596, declara que las corridas de toros “pertenecen al patrimonio de España” y levanta la excomunión.

Antes de pensar que los toreros son muy valientes y que se enfrentan a un animal salvaje en “igualdad” de condiciones, sigue el paso a paso de un toro antes de morir en el ruedo (tomado de AntiTauromaquia “La Tortura Oculta”):

24 horas antes de entrar en la arena, el toro ha sido sometido a un encierro a oscuras, para que al soltarlo la luz y los gritos de los espectadores lo asusten y trate de huir saltando las barreras, para dar la impresión de que el toro es feroz, cuando lo único que desea es escapar, no atacar.

Se le cuelgan sacos de arena en el cuello durante horas para debilitar sus músculos. Le golpean testículos y riñones, le provocan diarrea con laxantes y sulfatos que colocan en el agua y la comida, con el fin de que llegue débil y desorientado al ruedo. Se les unta vaselina en los ojos para dificultar su visión y en las patas una sustancia que les produce ardor y les impide mantenerse quietos, para que el torero luzca más.

Hay ocasiones en que se les rasgan los músculos del cuello para evitar movimientos bruscos de cabeza y reducir el riesgo de cornadas.

El trabajo del picador consiste en herir al toro para que se desangre y se debilite. Esto lo hace con una lanza que destrozará los músculos principales del cuello

También los caballos de los picadores sufren intensamente. Presentan múltiples fracturas de costillas o destripamientos. Para que no relinchen de miedo o de dolor, se les cortan las cuerdas vocales y si se niegan a volver al ruedo, se les aplican descargas eléctricas en los testículos para sacarlos.

Las banderillas que se les aplican a los toros no tienen límite y consisten en una vara adornada que en la punta tiene un gancho metálico en forma de arpón, de 8cm., su función es provocar heridas que sigan debilitando al animal.

Cuando el toro no levanta la cabeza de manera normal, es signo de que ya se encuentra muy débil y es aquí cuando el torero le da la espalda “valientemente”, después de un “artístico” pase. Aquí entra el matador para enfrentarse a un toro moribundo con una espada de 80 cm., que atravesará hígado, pulmones y, en la mayoría de los casos, una arteria mayor que hará que el animal empiece a sangrar por la nariz y el hocico, ahogándose en su propia sangre.

Esto es una muestra más de nuestro fracaso evolutivo como seres humanos.

Para Centuria Noticias: Karla Roldán

k.roldan@centuria.mx

Foto: The Joneses

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here