A las orillas del pueblo, junto a la vieja estación de trenes, hay un perro viejo de mirada y ojos tristes. Como si estuviese cansado de la vida, pasa el día sentado, mientras observa con su lánguida mirada el ir y venir de la gente, al tiempo que su tristeza permea a todos los que por alguna razón reparan en él.

No es en lo absoluto bravo ni peligroso. Solo observa, suspira y sigue observando.

Nadie sabe de dónde vino o si tiene dueño. Con el paso de los años, los habitantes, callados y simples como son, se habituaron a él.

Además de la tristeza de su mirada tiene otra particularidad: cuando alguien intenta acercarse a él para acariciarlo (y buscar así disminuir su tristeza) el perro se evapora, desaparece. No podríamos con esto afirmar que se trate de un perro fantasma y, ciertamente, a los habitantes del lugar poco les importa este fenómeno en particular. También se han habituado a ello.

Max, que vive en una casa cercana a la estación, de vez en cuando pasa sus tardes sentado a la ventana contemplando al perro. De alguna manera se siente identificado con él y con su tristeza. Es por eso que jamás ha hecho amago alguno de acariciarlo. Respeta su tristeza; tal vez, porque de una u otra manera él también se siente triste en aquel pueblo alejado de Dios, donde el aire solo llega de tanto en tanto para dar la vuelta y regresar a tierras menos agrestes.

Max también se siente solo y por eso contempla desde la ventana al perro, para hacerle compañía a la distancia y sentirse un poquito acompañado.

Tal vez sea por eso, también, que de tanto en tanto, aprovechando las evaporaciones del perro, se acerca a la esquina donde este suele sentarse para dejarle un plato lleno de croquetas.

 

Para Centuria Noticias: Alfonso Díaz

aldacros@gmail.com

Artículo anteriorSUSPENDE GUARDIA SANITARIA 26 ESTABLECIMIENTOS POR INCUMPLIR MEDIDAS SANITARIAS
Artículo siguienteSOLICITAN QUE SE CONSIDERE LA REAPERTURA DE LOS CINES
Nacido en la ciudad de México, Luis Alfonso Díaz de la Cruz fue adoptado por la ciudad de Aguascalientes cuando apenas contaba tres años. Desde entonces se ha dedicado a crecer y a cuestionarlo todo. Se formó como psicólogo y terapeuta bioenergético y psicocorporal y ha ejercido desde el año 2009 en consulta privada, en el sector público y como docente. Es también conferencista, ilustrador y cuentacuentos. Desde su adolescencia, a manera de pasatiempo en un principio y de manera profesional después, ha escrito cuentos cortos, teniendo en la actualidad un aproximado de 200 cuentos de su autoría, siendo alrededor de 10 de ellos, cuentos infantiles. En Julio de 2018 es seleccionado ganador del 5to Premio Endira Cuento Corto, con su cuento “Resistencia”, homónimo de la antología publicada en noviembre del mismo año con los 20 cuentos finalistas del concurso, presentada en la FIL de Guadalajara. Tiene, además, un par de cuentos publicados en Amazon: "Tres meses de bonanza" y “Algodón de azúcar”; este último, de corte infantil, bajo el seudónimo de su personaje cuentacuentos: Rivelín con H. Es, además, autor del mini libro “Lobo”, que contiene tres cuentos de su autoría. Habla catalán, le va al FC Barcelona y se autodenomina fanático de los tacos de suadero.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here