Ayer, cerca de la media noche, una bruja llamó a las puertas de mi casa.

Acompañada de su hija y ataviada con una playera sucia y unos jeans desgastados ─no había que dar indicios de que se trataba de una bruja ─ tocó insistentemente la puerta de mi casa, pues mi hogar no tiene timbre. Luego de verme asomado por la ventana, me pidió un vaso de agua para que ella y su hija pudiesen saciar su sed.

Accedí al momento. La literatura clásica nos ha dado muestras muy diversas acerca de las desgracias que pueden acaecer si uno no se muestra hospitalario con las brujas; una maldición se hace presente y un sinfín de infortunios recaen en la vida del pobre diablo que se niegue a otorgarles ayuda y, como yo no quería convertirme en uno de esos pobres diablos, me apresuré a darle un vaso con agua, del que apenas tomó un pequeño sorbo antes de que su hija lo bebiera copiosamente, y le contesté un par de preguntas acerca de la disponibilidad de renta de la casa de al lado. Tras finalizar el pequeño interrogatorio, y sin dejar de mirarme a los ojos, me devolvió el vaso, agradeció mi ayuda y se marchó caminando con parsimonia por la larga y solitaria calle, en compañía de su hija, hasta que las dos figuras fueron envueltas, o devoradas, por la oscuridad de la noche sin que entre ambas mediara palabra alguna.

Yo me quedé en el umbral de la puerta observando cómo se alejaban, perdiéndose en lontananza.

La prueba de que se trataba de una bruja auténtica es que sobre mí no recayó ninguna maldición y mi vida sigue como si nada, prueba irrefutable del éxito de mi hospitalidad. Además, estoy casi seguro de que bien vistas, bien vistas, a la distancia y a la luz de la luna se podía ver cómo un par de cuernos sobresalían de sus cabezas…

 

Para Centuria Noticias: Alfonso Díaz

aldacros@gmail.com

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Nacido en la ciudad de México, Luis Alfonso Díaz de la Cruz fue adoptado por la ciudad de Aguascalientes cuando apenas contaba tres años. Desde entonces se ha dedicado a crecer y a cuestionarlo todo. Se formó como psicólogo y terapeuta bioenergético y psicocorporal y ha ejercido desde el año 2009 en consulta privada, en el sector público y como docente. Es también Médico de la Risa, conferencista, ilustrador y cuentacuentos. Desde su adolescencia, a manera de pasatiempo en un principio y de manera profesional después, ha escrito cuentos cortos, teniendo en la actualidad un aproximado de 160 cuentos de su autoría, siendo alrededor de 10 cuentos infantiles. En Julio de 2018 es seleccionado ganador del 5to Premio Endira Cuento Corto, con su cuento “Resistencia”, homónimo de la antología publicada en noviembre del mismo año con los 20 cuentos finalistas del concurso. Tiene, además, un par de cuentos publicados en Amazon: "Tres meses de bonanza", y un cuento infantil llamado “Algodón de azúcar” bajo el seudónimo de su personaje cuentacuentos: Rivelín con H. Habla catalán, le va al FC Barcelona y se autodenomina fanático de los tacos de suadero.

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