Mi primo Hiram vive solo y carece de habilidades culinarias. Sin embargo, más allá de su cereal matutino y de las quesadillas que prepara para la cena, casi todos los días consume los mejores manjares que uno pudiera imaginarse, sin tener que recurrir a los restaurantes, a los envíos a domicilio o a la buena voluntad de alguno de sus amigos o familiares, puesto que se niega rotundamente a recibir ese tipo de auxilio, ya que el alimento, dice, se lo ha de ganar uno mismo.

Sucede que en su casa tiene una caja mágica que todos los días en punto de las tres de la tarde le provee de los manjares mencionados.

No entiendo ni alcanzo a explicar a ciencia cierta el funcionamiento de la misma, pero es verdad: Hiram no tiene que preocuparse sobre la carencia de alimento, pues la caja se lo otorga sin reparo alguno, salvo por una pequeña condicionante que esta tiene: a manera de Edipo y su relación con la esfinge, mi primo ha de contestar un acertijo diariamente para que la caja materialice en su interior el alimento esperado. El acertijo aparece en la cubierta de la tapa alrededor de las 12 del día e Hiram tiene tres horas para dar su respuesta, tras lo cual, el acertijo desaparece de la cubierta dejando el lugar libre para el que vendrá el día siguiente. Si mi primo contesta erróneamente o se excede en su tiempo para hacerlo, la caja no le otorga alimento en todo el día. Por el contrario, si da una respuesta acertada, Hiram puede estar seguro que a las 3 de la tarde aparecerá de manera puntual un suculento platillo.

A veces los acertijos son muy sencillos y en otras ocasiones son en demasía confusos, oscuros y complicados, y no siempre se limitan a una respuesta meramente intelectual, sino que han de ejecutarse ciertas acciones y obtener algunos resultados; razón por la cual hay días y hasta semanas en las que mi primo malcome, quedándose solo con su cereal y sus quesadillas. Es en esos momentos en que sus amigos y familia le ofrecemos compartirle nuestros alimentos o invitarlo a comer en algún restaurante, pero él se resiste, quizás por una cuestión de orgullo al saberse derrotado. A fin de cuentas Hiram es, además de inteligente, un tanto orgulloso y muy, pero muy excéntrico.

 

Para Centuria Noticias: Alfonso Díaz

aldacros@gmail.com

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Nacido en la ciudad de México, Luis Alfonso Díaz de la Cruz fue adoptado por la ciudad de Aguascalientes cuando apenas contaba tres años. Desde entonces se ha dedicado a crecer y a cuestionarlo todo. Se formó como psicólogo y terapeuta bioenergético y psicocorporal y ha ejercido desde el año 2009 en consulta privada, en el sector público y como docente. Es también conferencista, ilustrador y cuentacuentos. Desde su adolescencia, a manera de pasatiempo en un principio y de manera profesional después, ha escrito cuentos cortos, teniendo en la actualidad un aproximado de 200 cuentos de su autoría, siendo alrededor de 10 de ellos, cuentos infantiles. En Julio de 2018 es seleccionado ganador del 5to Premio Endira Cuento Corto, con su cuento “Resistencia”, homónimo de la antología publicada en noviembre del mismo año con los 20 cuentos finalistas del concurso, presentada en la FIL de Guadalajara. Tiene, además, un par de cuentos publicados en Amazon: "Tres meses de bonanza" y “Algodón de azúcar”; este último, de corte infantil, bajo el seudónimo de su personaje cuentacuentos: Rivelín con H. Es, además, autor del mini libro “Lobo”, que contiene tres cuentos de su autoría. Habla catalán, le va al FC Barcelona y se autodenomina fanático de los tacos de suadero.

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